domingo, 26 de noviembre de 2006

La realidad


Parece siempre que lo que se opone a la realidad es el deseo. Sí y no. Lo que ocurre es que la realidad está incompleta, siempre le falta algo, y ahí es donde el hombre tiene ocasión de lucirse. El fatalismo, tan de moda, me fastidia bastante. Ese pensar que las cosas ocurren así, y no se puede hacer nada. Pero lo que más me molesta es que la resignación se reserva sólo para las cosas verdaderamente importantes. Porque, si me aparcan en doble fila y no me dejan salir, despierto al vecindario con el claxón, saco la fiera que llevo dentro, llamo a la grúa... lo que haga falta. Si contemplo la ruina de un matrimonio... es como si miro las de la patria mía... me lamento, y ya está. O le grito al Gobierno que él haga algo.
Como le recordé a alguien, es una verdad como un templo lo que decía San Pablo -después de hablar del amor, precisamente- de que en este mundo no vemos las cosas como son. Nos quedamos con el decorado, nos dejamos hipnotizar por el cartón piedra... todo eso que el día de mañana se vendrá abajo para dejarnos ver las cosas como realmente son. Y entonces diremos: la felicidad estaba tan cerca, con sólo haberme esforzado un poco más...
El hombre está hecho a imagen de Dios. Esto quiere decir que, como su Creador, puede ser creativo; que, como Aquel que le ha hecho por amor, él puede también amar, e ir introduciendo amor en el mundo, como una prolongación siempre viva del primer acto creador. Pero eso que puede hacer gracias a que es libre, puede también dejar de hacerlo en virtud de lo mismo. Entonces, la realidad será mero escenario de avatares para los que no encontramos sentido, y nuestra huella en el mundo será ninguna. Siempre lo diré: la realidad sin esperanza es mentira. Huyo de los finales tristes que alaban los críticos. Sin esperanza no me creo la realidad, no me creo este mundo.

1 comentario:

Ángel dijo...

Sin esperanza yo no me creo este mundo.

Sin esperanza Él no me creó este mundo.