martes, 28 de noviembre de 2006

Fugacísimos

A ver, cuánto están dispuestas a durar estas palabras mías en esta ventana luminosa, propensa al disparate y a la saturación. Qué queda de nosotros, sino un rayo de luz en el pensamiento de alguien a quien hemos olvidado hace tiempo, pero que busca en su baúl -imagen sobada, lo sé- aquella carta que recibió por error un día que se perdió entre otros muchos.
La memoria me tiene esclavo de intentos de persistir, que serían desesperados si no hubiera otra vida más sólida que ésta. Sé hace años que no hay leyenda mejor grabada que la que encuentra su asiento en el corazón humano. Si lo conseguimos, siquiera sea en un caso, habrá valido la pena el esfuerzo. Mientras tanto, arrojaré millones de palabras a la papelera del tiempo, espero que con la utilidad de ser abono para otros.

1 comentario:

Stepario dijo...

Yo escribo porque lo necesito, raramente me pongo en el lugar del que pueda leerlo. Me basta con que me guste o me sirva a mí. Tampoco releo mucho lo que escribo -no tengo tiempo-, y cuando lo hago me suele parecer ajeno, será por mi mala memoria. Y tú, ¿qué? ¿te ríes o piensas que has cambiado? ánimo con tu blog.