jueves, 22 de mayo de 2008

En el Valle de Elah


Paul Haggis debe de ser un tipo bastante listo. Gracias a Crash ganó el óscar a la mejor película y al mejor guión. Además le debemos los guiones, entre otras, de Cartas desde Iwo Jima y Million Dollar Baby. En su última película, En el Valle de Elah, vuelve a repetir múltiples facetas, que también le han sido reconocidas. Es un cine inteligente, lleno de cargas de profundidad, que sabe aprovechar a través de la hábil dirección de excelentes actores.

En esta última película se cuenta una historia vinculada a la guerra de Irak, pero que se desarrolla en Estados Unidos. Un padre –Tommy Lee Jones, cada vez más surcado de tristezas– busca a su hijo, que ha vuelto de aquel conflicto como un veterano invisible. Su dolor y el de su madre –la siempre increíble Susan Sarandon– crecen a lo largo de la historia, con subrayados que son casi siempre silencios, miradas perdidas, ansiedades que tratan de espolear esperanzas que exhalan su último suspiro. Colabora en la búsqueda una policía que arrastra su propio saco de problemas, una Charlize Theron que no parece ella, sino una chica cualquiera o una estrella apagada. Las implicaciones humanas son tremendas y terribles, y los esfuerzos se ven recompensados con la confirmación de una tragedia que deja de parecer humana.

Es una película que va más allá de lo político o lo policíaco, y retrata el dolor de las personas. Un dolor que arrastra los pies por un pasillo con el peso del mundo bebiéndose los corazones. Un dolor que en cada gasolinera o lavandería quiere ver lo que ya no existe. Un dolor que clava su dedo en el pecho para sobresaltar a media noche al que estaba rendido. Un dolor que se agiganta en la desesperación de quien ha dejado de comprender.

Pero los hombres se sobreponen, y desde el dolor y la incomprensión piden ayuda. No era preciso el subrayado final, ya sabíamos que sólo Dios podía acudir en su auxilio.

martes, 20 de mayo de 2008

Chikicosas

A veces uno escribe en estado de shock, y se entra en materias que no son las propias para hablar de cosas que tal vez no lo merecen, pero nublan la visión. En realidad, este estado empieza a no ser tan raro en España.

Hoy he visto en las noticias cómo ese personaje lamentable que canta lo del Chiki Chiki llegaba a Belgrado y daba una master-class en el Instituto Cervantes de allá. Casi huelgan comentarios, sobre todo el de que el muerto insigne levante la cabeza. Resultaba surrealista ver a los pobres serbios con ansias de aprender español confesando su contento por haber conocido nuevas palabras, las que salpican la letra del conocido sonsonete, que gracias a Dios no tengo el disgusto de conocer.

Es, sobre todo, patético ver a Televisión Española enfangada en el respaldo de este personaje y sus bajezas por el hecho de que constituye su apuesta para Eurovisión. Después de esto, que cierren y se vayan todos a casa a quitarse los piojos.

Sé que es un tema indigno de mi blog, pero a veces uno también se contagia de la peste ambiental. Por supuesto, no pienso poner foto.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Centauros del desierto


Se abre una puerta. El desierto texano, un jinete que se acerca, y una mujer sobresaltada que lo espera. Esta película de John Ford es una obra de arte, un disfrute para los sentidos, pero también para la razón, la libertad y el amor. Una enseñanza continua de la persona y el paisaje, de la persona en el paisaje, de la lucha por vivir y de la dificultad de abrirse camino cuando todo es polvo. John Wayne construye un personaje formidable, complejo, abrupto, un poco gamberro a veces, como residuo tal vez de un pasado que se nos trasluce como poblado por la energía juvenil y el amor, pero que se endureció con capas de guerra y decepción. La aventura y el sacrifico, el amor y el humor, todo ello se nos presenta desde un prisma perfecto en el que todo lo importante, que es todo lo nimio, reluce con naturalidad e importancia. No es pasar un rato viendo una película del oeste, es tener una experiencia estética y humana que nos cultiva, y que conviene repetir una y otra vez. Al final, una puerta se cierra, y el hombre se aleja concluido su trabajo de Hércules, habiendo sobrevivido a una tierra siempre dispuesta a engullirlo, habiendo vivido.

viernes, 9 de mayo de 2008

Un meme

Fran (http://luzapacible.blogspot.com/ ), que tiene un blog tan sensible y bonito como el nombre que le ha puesto, me encomienda la misión de hacer y pasar un meme, que por lo visto es algo pensado para el mejor conocimiento interblogueril. Como estoy encantado de sus visitas y ha encomiado mi blog en el suyo, no puedo menos que responder positivamente a su invitación.

Las normas del Meme son:
1.-Poner el enlace de la persona que te envía el meme en el blog.
2.-Escribir las reglas en el blog.
3.-Compartir 6 cosas no importantes y 6 que nos gusten.
4.-Avisar a 6 personas y dejar comentarios en sus blogs.

Lo que considero que no es importante:
1.- El 99% de los programas de televisión.
2.- Las opiniones de la gente de la calle que incrustan continuamente en las noticias (tengo pendiente una entrada sobre esto).
3.- Lo que piensen los demás de lo que creo yo.
4.- Lo que dicen y hacen los políticos para la galería.
5.- El fútbol.
6.- Tener que salir de copas todos los fines de semana.

Las cosas que más me gustan, o algunas de ellas:
1.- El cine clásico, sobre todo si viene de Capra, Ford, Hitchcock, Welles...
2.- La literatura, también clásica, sobre todo los novelones rusos, y la novela histórica del XIX, que tengo tan poco tiempo de leer.
3.- La poesía.
4.- Escribir, sobre todo cuando termino –ahora estoy con un artículo que estoy deseando quitarme de encima–.
5.- La buena mesa.
6.- El disfrute de la naturaleza, el arte, la verdad, la bondad y en general todo lo que es hermoso.


Por supuesto, todo lo anterior es inmensamente mejor si además lo comparto con mi mujer.

Le paso el meme a:
- Sinretorno
http://caraacara.blogspot.com/, porque es un gran clásico y otras cosas más también grandes.

- Ángel
http://estalacosamuymala.blogspot.com/ porque es quien me metió en el mundo del blog, y el suyo es de los más divertidos y mejor escritos que seguramente existen.

- Fray Guillermo
http://portu-tatis.blogspot.com/, porque aunque no visito su blog, él de vez en cuando se deja caer por el mío para discutir un rato.

- Regina
http://invitameavivir.blogspot.com/, porque le gusta la poesía.

- Capitan Achab
http://elcapitanachab.blogspot.com/, porque tiene un blog inteligente y erudito, y muchas de sus entradas merecerían ser pagadas.

Y, siento decirlo, pero no tengo más, porque mucha de la poca gente que entra en mi blog no tiene blog. Tengo pocos amigos, y además sin blog… esto es muy triste. Me quedo sin cumplir las reglas del meme.

martes, 6 de mayo de 2008

La Reina de África


He visto últimamente dos películas que me parecen antagónicas, aunque las dos trascurren en África y en medio de guerras mundiales –la primera y la segunda-. Se trata de La Reina de África (John Huston, 1951) y El paciente inglés (Anthony Minghella, 1996). Ambas traen fama de historias de amor, aunque sobre todo la segunda va de eso, mientras la de Huston podría pasar también por una peli de aventuras.

Tras haberlas visto y haberlas rumiado, tengo claro que la historia de amor está en La Reina de África. ¿Qué, si no el amor, lleva a un hombre a imitar a hipopótamos y monos delante de su amada y ésta le ríe las gracias? ¿Qué, si no el amor, permite sacar adelante un proyecto que parecía imposible, compartiendo todas las penalidades que arrastra y animándose mutuamente? ¿Qué, si no es el amor, puede convertir cada trato y cada roce en una muestra de respeto y delicadeza, incluso en medio de las condiciones más deplorables? ¿Qué, si no el amor, hace pensar a una pareja en el matrimonio cuando la muerte les aguarda al minuto siguiente? Pues todo esto se da maravillosamente en La Reina de África, que he de proclamar como una de las grandes películas de amor de la Historia.

El paciente inglés, por su parte, lleva en la intención ya de entrada el presentarse como una de las grandes historias de amor de la Historia, y yo no lo encuentro por ningún lado. Claro que algo parecido ocurre con otras como Lo que el viento se llevó o Memorias de África. En ellas hay engaños, traiciones y violencias, dentro de la misma pareja, pero también pasión tórrida y dependencias enfermizas. Todo ello remarcado por músicas inolvidables y parajes idílicos, donde los bellos protagonistas se entregan a sus impulsos. Los pobres Humphrey Bogart y Katherine Hepburn que viajan en su barcaza por un río africano, feos y ya talluditos, con un aspecto lamentable durante la mayor parte de la película, y en unas condiciones insalubres, se aman mil veces más que todos los otros juntos. Y no van de historia de amor. Pero eso es lo que pasa también en la vida real: unos ganan la fama y otros cardan la lana. Luego no extraña que nos pongamos a imitar a los que no son.

miércoles, 30 de abril de 2008

Puente


¡Nos vamos de puente! No voy a decir adónde -aunque la foto es una pista-, pero sólo diré que nos espera una buena jornada de coche. Nos hemos comprado ropa de campo, casi de camuflaje, para que, si nos perdemos, nadie nos encuentre. Porque queremos perdernos, aunque también queremos encontrarnos, pero no que nos encuentren.
En fin, esta entrada es un poco light y un poco insustancial, pero tenía que decir que el blog estos días estará cerrado por vacaciones -en días pasados ha estado cerrado por trabajo, que esto es no parar-. Deseo a todos los lectores y visitantes que todavía se confunden y entran aquí, que lo pasen igual o mejor estos días, y se relajen un poquito.
Saludos.

miércoles, 23 de abril de 2008

Día del Libro


Hoy, 23 de abril, es una de mis fechas preferidas del año. Se celebra el Día del Libro, por aquella confluencia, más bien legendaria, de las muertes de Cervantes y Shakespeare, en el lejano 1616. La cuestión es que hoy los libros salen a la calle, y, lo que es más importante, con descuento, aunque sea chico. Todos los años reservo algunos títulos, especialmente caros, para conseguirlos este día a un precio más bajo. Lo preparo durante semanas, y desde muy temprano me lanzo a la busca y captura de mis objetivos.

Este año las grandes librerías me cogen más lejos. Además, en mis previos acercamientos, no le logrado localizar los títulos deseados. Así que he probado suerte por internet, y ¡oh sorpresa! no sólo he encontrado los libros que buscaba, sino que también por esta vía se aplica el descuento festivo, espero que no sólo con carácter virtual.

En definitiva, por no volverme loco –siempre compro la décima parte de lo que hubiera querido–, he encargado dos libros tras los que llevaba algún tiempo: “El gran libro de la mitología griega”, de Robin Hard, con el que espero refrescar los recuerdos de otros libros parecidos que leí con fruición (utilizo esta palabra para resaltar la repelencia) en mi infancia; y “Cristina, hija de Lavrans”, novela histórica de Sigrid Undset, premio Nobel noruega convertida al catolicismo, con el que espero sorprender a mi madre en su próximo cumpleaños (bueno, el hecho de que sea un libro no creo que la sorprenda demasiado).

En conclusión, mi Día del Libro este año ha sido un poco más frío y menos aventurero de lo habitual, pero, qué queréis que os diga, me parece que repetiré.

lunes, 21 de abril de 2008

Soledad


La otra noche me desvelé. Llovía con fuerza en la calle, mientras la casa parecía un refugio seguro, pero no indestructible. Además había cenado demasiado –y comido y merendado demasiado– y mi cuerpo estaba incómodo y rebelde. Después de un rato de dar vueltas, me fui al brasero y encendí la tele. No conocía la programación de las cinco de la madrugada. Enseguida descubrí que era de relleno y desolación. Aparte de una retransmisión en directo –desde Pekín, claro– de natación sincronizada (que sólo verían las emocionadas madres y los fastidiados novios de las chicas), únicamente encontré programuchos de esos en que un presentador pretende vender alguna burra coja a cambio de una simple llamada telefónica de avaros colmillos.

Entre tanta morralla, uno de estos programuchos atrajo mi atención. Una mujer rubia y ojerosa permanecía inmóvil, mirando fijamente a la cámara, con una mano posada amenazadora sobre el teléfono. La imagen siguió estática durante un rato, y pensé que la señal se había bloqueado. Hasta que de pronto, la pétrea presentadora bramó: “¡Tenéis que llamar ahora!”. Su tono era de ultimátum, pero latía en él la desesperación. Nadie la acompañaba, ni dentro ni fuera del estudio. Probablemente hasta el cámara se había ido a dormir, tras haber aleccionado a la mujer para que no abandonara el encuadre fijo y continuo. Me sentí interpelado, como si la presentadora hubiera estado aguardando en vela mi incorporación al programa. Adiviné su soledad abrumada como una enfermedad contagiosa que esperase propagarse por vía telefónica. Rápidamente apagué la tele y me dediqué a escuchar el tranquilizador rugido de la tormenta.

miércoles, 16 de abril de 2008

Apocalypse now (redux)




«El horror… El horror…». Las palabras de Kutz son, en su cadencia de estertor, la mejor definición de la pesadilla que Willard y sus hombres protagonizan, alcanzan o arrastran (nunca se sabe) a lo largo de un río serpenteante en el que se tropiezan con coroneles surfistas, con Wagner, con helicópteros, con el napalm, con tigres, con cabezas cortadas y con chicas playboy. Un viaje al corazón de las tinieblas, que tal título le puso Joseph Conrad, aunque él lo escribió pensando en el Congo y no en Vietnam. Coppola y Martin Sheen hicieron su propio viaje atormentado, del que casi no vuelven, rodando la historia en Filipinas, y rodando sus vidas en drogas, locura y alcohol. Al volver traían bajo el brazo el alma aterida y una obra maestra forjada en la fragua de lo insoportable, donde el hombre corre el peligro de despeñarse por los precipicios del sinsentido. Supongo que sólo un par de católicos pudieron llegar tan lejos y regresar; otros no hubieran llegado, por no creer en el pecado, o no hubieran vuelto, por no concebir el perdón.

Por fin la he visto. Y me he quedado con el alma aterida bajo el brazo.

martes, 8 de abril de 2008

Charlton Heston


Ha muerto Charlton Heston a los 83 años, y esta entrada es homenaje a él. Porque es un icono del cine, del mejor cine, y forma parte de la imaginería del siglo XX. Porque participó en películas míticas que han pasado a la Historia y que no me canso de ver. Porque estuvo toda la vida casado con su única esposa, que estuvo a su lado al morir. Porque el impresentable de Michael Moore la tomó con él porque defendía lo que en Estados Unidos es un derecho constitucional. Porque estuvo al lado de Martin Luther King y luchó por el fin del racismo.

Otras razones son sus personajes inolvidables en pelis inolvidables. El violento y valiente hacendado Christopher Leiningen de «Cuando ruge la marabunta». El bíblico Moisés de «Los diez mandamientos». El discreto inspector Vargas de la fabulosa «Sed de mal». El rudo capataz Steve Leech de «Horizontes de grandeza». El príncipe Judá «Ben-Hur». El épico Rodrigo Díaz de Vivar de «El Cid». El genial Miguel Ángel de «El tormento y el éxtasis». El iluminado «Mayor Dundee». El desubicado astronauta Taylor de «El planeta de los simios». El entrañable Will Penny de «El más valiente entre mil»… Por citar algunos.

Le debemos mucho de nuestra educación sentimental y de nuestra cultura. Sus personajes, siempre fuertes y algo primitivos, encerraban un hombre viril e íntegro, a veces tozudo, a veces ignorante, pero siempre valiente, que hoy ya se ve poco. Y sus besos a las actrices fraguaron un escorzo de rudeza inigualable. Charlton, aquí te recordaremos.

martes, 1 de abril de 2008

Me pongo serio


Hoy me tengo que poner serio, o más bien parecerlo, porque no me tomo a broma casi ninguno de los temas que trato. Pero hay cosas más importantes por el mundo, y lo responsable es referirse a ellas. Lo haré procurando no alzar mucho la voz.

Estos días se habla en la prensa de la conversión al catolicismo de un periodista musulmán, Magdi Allam, que fue bautizado por el Papa Benedicto XVI el día de Pascua. El nuevo converso, de nombre de pila Cristiano, ha confesado abiertamente que desde hacía años estaba amenazado por denunciar el radicalismo y falta de libertad del Islam, y reconoce ser consciente de que su apostasía le adjudica una condena a muerte. Este caso pone sobre la mesa la falta de libertades que todavía hoy nuestra democracia oculta bajo su nombre destellante. Falta de libertades porque no se pueden ejercitar, porque hay miedo a hacerlo, y porque la sociedad se vuelve de espaldas ante este problema. Un problema que además crece en la misma medida que lo hace el Islam entre nosotros, sin que con esto quiera decir que el Islam sea el problema. Lo es nuestra cobardía y pérdida de principios.

La otra cara indecorosa del asunto es cómo desde medios progres se han deslizado veladas críticas al bautismo de Allam por el Papa. Estos progres se empeñan en convencerme, a pesar de mis denodados esfuerzos por ser imparcial, de que odian a la Iglesia por encima de todas las cosas, y que si para ello tienen que negar la libertad o la dignidad, lo harán con mucho gusto. Digo esto porque estoy convencido de que otra hubiera sido su reacción en el supuesto de Allam se hubiera hecho budista y hubiese sido el Dalai Lama el que hubiese dado la bienvenida al nuevo converso. No tienen remedio, y me temo que con este talante seguirán despreciando las muchísimas cosas buenas que la Iglesia puede aportar a la sociedad democrática. Mientras su dilecto y tolerante Islam gana terreno.

sábado, 29 de marzo de 2008

Termópilas


En el año 480 antes de Cristo, Jerjes, que por entonces gobernaba el inmenso imperio persa, tomó la decisión de invadir Grecia. No era especialmente el deseo de aumentar sus dominios lo que le movía, ya que la tierra griega no destacaba por su riqueza, sino sobre todo el ánimo de desquite por lo que le ocurrió a su padre, Darío, derrotado por los helenos en Maratón. Así, como cuenta Herodoto, reunió el mayor ejército conocido, que por donde pasaba secaba los ríos.

Los griegos, obviamente, se alarmaron. Pero destacó la reacción de Esparta, ciudad-estado o polis que no había llegado a tiempo de participar en Maratón. Para un pueblo que estaba consagrado a la vida militar y el arte de la guerra, esa ausencia pesaba como una losa, y fueron los primeros voluntarios para hacer frente a la gran amenaza. Uno de sus dos reyes, Leónidas, reunió a trescientos de sus mejores guerreros y, junto a algunas falanges de otras ciudades, se aprestó a recibir a sangre y fuego a los persas, en el estrecho paso de las Termópilas.

Lo demás es historia. Y leyenda. Y cine. A la vieja peli «El león de Esparta», se unió el año pasado la famosa «300», que toma principalmente como referencia un cómic de Frank Miller. Hay que reconocer que las imágenes son poderosas, las escenas de lucha impactantes, y la película no deja indiferente; a mí particularmente me ha gustado mucho. Pero están las inexactitudes históricas, y por eso antes de verla me he querido leer el libro «Termópilas: la batalla que cambió el mundo», del historiador Paul Cartledge, uno de los mayores expertos mundiales en el tema. Así me he enterado de que, a diferencia de lo que nos presenta la película, los espartanos tenían barba, pero no bigote, iban descalzos, y además el rey Jerjes no debía de parecer una drag-queen.

Pero al margen de estos pequeños detalles y algunas hipérboles tributarias sin duda de su origen comiquero, la peli refleja la gesta y lo que sabemos de ella, mezcla de historia y de leyenda. Para Cartledge, aquella derrota heroica fue decisiva para que Europa se salvara, o al menos que llegara a ser lo que conocemos, porque el triunfo de Jerjes hubiera pasado por encima de la democracia ateniense, y de las figuras que vinieron poco después: Sócrates, Platón, Aristóteles, padres de nuestra cultura. La pírrica victoria persa en las Termópilas dio tiempo a los griegos a organizarse y sobre todo a inflamarse de moral, lo que les permitiría derrotar al invasor definitivamente en Salamina y Platea.

Yo todavía hoy me enardezco ante la epopeya espartana. Y a pesar de que contaran entre sus defectos la eugenesia, la pederastia y la esclavitud, no puedo dejar de asomarme al pasillo de mi pasa y sentir una heroica disposición a sacrificarme antes de franquear el paso al enemigo.

jueves, 27 de marzo de 2008

Miscelánea


Quiero agradeceros vuestras últimas visitas a mi humilde blog. Hoy cumplo años y he recibido muchos regalos, ya os podéis imaginar, libros y películas, películas y libros, sobre todo, pero también ropa y dulcecillos, que no sólo de cultura vive el hombre. También es un regalo que leáis las cosas que se me ocurren con mucho o ningún esfuerzo.

Pero dejo de hablar de mí, que no me gusta. Pensando en el tema de la entrada de hoy, he pasado por varias ideas. Podría hablar del futuro de España en la Eurocopa, que de pronto vuelve a pintarse de rosa porque Villa metió un gol de churro que ya comparan con el de Zidane. Podría hablar de las amenazas de que Ibarreche deje de promover un estatuto a cambio de que Zapatero le regale uno aún peor. Podría hablar de la próxima emisión de sellos de castillos, que no sé ni cuándo cae este año. Podría hablar de la luz maravillosa que tienen las fotografías de actores de los años treinta y cuarenta, que les dan cien mil vueltas a cualquier foto de Keyra o Scarlett, por muchos morritos que pongan. Podría hablar de la inmadurez a la que nos conduce la educación sentimental de nuestros días, a través de series españolas o americanas, a fin de que seamos unos desgraciados el resto de nuestros días ignorando las causas. Podría hablar de Dios y de su bondad infinita. Podría hablar del Diablo y de sus mil disfraces para que desconozcamos su existencia. Podría hablar de los complejos que ahogan en la garganta las palabras que debemos decir y los que taponan los oídos ante las verdades que tenemos que oír. Podría hablar del valor de unos cuantos inocentes que no tienen miedo a la escabechina. Podría hablar de cómo un atardecer sigue siendo fuente de belleza aunque transcurran siglos. Podría intentar componer un endecasílabo, con el temblor furtivo de mis labios. Podría hablar de un par de cosas que voy intuyendo desde hace tiempo, pero que me guardaré para escribir algunos libros. Podría hablar de sueños y profecías, pero tengo tanto que hacer que no hay más tiempo.

Así que… feliz día de mi cumpleaños para todos.

miércoles, 26 de marzo de 2008

Hipérboles periodísticas




Inicio una nueva sección de crítica con la que me voy a poner las botas. Podría parecer un recurso fácil para engordar mi blog el recurrir a la crítica de las cosas que dicen y escriben los periodistas; pero es algo que quería hacer desde hace mucho tiempo, porque me ponen muy nervioso con sus frases hechas y no sé cómo cantarles las cuarenta. Así que voy a aprovechar este espacio para desahogarme un poco.

Por ejemplo, es ya lugar común que la climatología nos agüe la fiesta o las vacaciones, aunque a veces nos proporciona días luminosos. Cualquiera diría que los climatólogos, esos científicos estudiosos del clima, son en realidad una secta de hechiceros que se dedican a convulsionarse en danzas y a emitir sortilegios que domeñen el tiempo atmosférico según su capricho. Pero esos señores y señoras, igual que la ciencia a la que se dedican, no tiene nada que ver con los mapas que nos ofrecen en las noticias anunciando lluvias o vientos, salvo que nos creamos a pie juntillas que el cambio climático es una realidad presente y cotidiana hasta la última gota. En cualquier caso, la Climatología determina tanto que esté nublado o no como podrían hacerlo la Anatomía, la Filosofía o la Gastronomía.

Otra exageración común entre el gremio reporteril está asociada a los accidentes y catástrofes. Da igual cuáles sean sus dimensiones, su naturaleza o la cuantía de los daños. Invariablemente, los informadores no dudan en hacer la misma evaluación: «ha quedado totalmente destrozado». Uno intuye una pobreza lingüística atroz, pues un coche, pongamos por caso, puede salir de un accidente abollado, machacado, despachurrado, aplastado o carbonizado, y siempre en distintos grados. Pero el criterio oficial parece ser que, en cuestión de sucesos, sólo se puede informar de lo que está totalmente destrozado. Como el idioma.

lunes, 24 de marzo de 2008

¡Feliz Pascua de Resurrección!




Aunque un día tarde, no puedo dejar de congratularme aquí por la Resurrección de Cristo, y desearos a todos que os colme de felicidad. Porque, como dijo San Pablo, «si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más, y que la muerte no tiene ya señorío sobre él. Su muerte fue un morir al pecado, de una vez para siempre; mas su vida, es un vivir para Dios».

Es salvadora la cruz, porque en ella se limpian nuestros pecados por el sacrificio de Cristo. Pero, además de purificarnos, podemos vivir para siempre gracias a su victoria sobre la muerte. Esto fue lo que hizo a los apóstoles dar un giro a su existencia y, con la fuerza del Espíritu, lanzarse a los caminos a anunciar el Evangelio. Ya lo dijo San Agustín: «La fe de los cristianos es la resurrección de Cristo. No es gran cosa creer que Jesús ha muerto; esto lo creen también los paganos; todos lo creen. Lo verdaderamente grande es creer que ha resucitado».

Hemos sido confirmados en esta fe gracias a la alegría de la Pascua. ¡Felicidades!

lunes, 17 de marzo de 2008

Procesiones


Ha empezado la Semana Santa, y con ella las procesiones. No conozco otras que las andaluzas, pero, dicho sea sin ánimo de ofender a nadie, creo que nunca me han gustado. Pasé del temor infantil hacia tambores y nazarenos, al desinterés, luego al rechazo, y finalmente al desconcierto. Me he esforzado por vivirlas con espíritu cristiano, y los resultados han sido muy pobres –aunque la vida espiritual no consista en obtener resultados–. He intentado vivir sus aspectos más folclóricos, y me he sentido tan desplazado y fuera de lugar como en la feria. He procurado recrearme en las dimensiones artísticas, y me han invadido la incomprensión y la decepción, quizá porque en mi pueblo no damos para más. Me confieso incapaz de apreciar la filigrana de pan de oro, la elegancia de los paños y el gusto de la ornamentación floral. No entiendo por qué la Virgen va semioculta tras un bosque de velas, ni la razón de su pesado vestuario.

Pero, siendo esto cuestiones secundarias, me causa desazón el no encontrarme a Cristo en estos Cristos, ni en la mayoría de estos cristianos que los acompañan. No lo encuentro porque no hay silencio, ni respeto ni ambiente, ya que no confundo el respeto con la idolatría de algunos. No lo encuentro porque me lo escamotea el lujo de los tronos y las vestiduras. No lo encuentro porque la admiración que veo en mi derredor se dirige más a las proezas motrices de los costaleros que al sacrificio de Nuestro Señor. No lo encuentro porque la gente se santigua mientras insulta al vecino o raja del Obispo que acompaña el paso. No lo encuentro porque los procesionantes parecen participar más en un desfile de modelos o en una competición deportiva que en un acto de culto. No lo encuentro porque cuando asisto a estos eventos me siento solo con mi creencia.

Tal vez sea todo culpa mía. Mi fe puede que sea demasiado intelectual y no entiendo la popular ni me traspasa. Puede que los prejuicios hayan arraigado tanto en mí que no pueda ya apreciar estos gestos de devoción callejera. Pero también es verdad que hay una crisis en nuestra Iglesia, y las avenidas no las toman estos días los más fervorosos creyentes, sino muchas otras personas que, por mil motivos distintos, se muestran encantadas con los paseos de las imágenes. Esta es mi particular cruz de la Semana Santa, lo que para otros es la cara.

viernes, 14 de marzo de 2008

Sweeny Todd




Sweeny Todd me ha parecido una película preciosista, porque recrea con tal puntillismo y amor un ambiente concreto, de época, como se suele decir, que merecen un aplauso. También alcanza este reconocimiento a la banda sonora, que me ha cautivado por su poesía con tintes siniestros, aunque algunos hayan criticado las dotes cantoras de los actores. Desde luego, sus creadores estaban enamorados de la historia.

Lo malo es que el amor y los amores de su director, Tim Burton, se decantan hacia zonas del alma que, si existen, darían para poblar alguno de los infiernos de Dante. De hecho, los protagonistas principales, asesinos ellos, amén de locos, parecen fantasmas en medio de un decorado de casa encantada. Por su parte, las víctimas, que son casi todos los demás, no pasan de ser odres de sangre muy sensibles al roce de una navaja de plata. Pero no hay solo roces, sino tajos, estocadas y mucha carnicería. La escena del árbol sangrante de Sleepy Hollow aquí se repite con profusión y aspersión.

Lo que ya no acierto a decir es si todo esto, tan bien hecho y presentado, está realizado con arte y gusto, porque la consecuencia primera es un revoltijo de náusea en el estómago. Y la sensación de que este mundo de Tim Burton existe dentro de un libro olvidado, que a su vez reposa dentro de un ataúd, que se abre dentro de la pesadilla que tiene un espectro.

jueves, 6 de marzo de 2008

Zapatero y Rajoy

A petición popular, escribo sobre un tema que no me agrada (políticos y elecciones), pero me veo obligado a ello por responsabilidad cívica, que de todo tiene uno.

Nos encontramos ante dos candidatos –los demás son filfa, con perdón– que no pueden negar su condición de políticos, dicho sea en el peor de los sentidos: hacen discursos ampulosos, les gusta el efectismo y la retórica, interpelan a la sensibilidad, miran a los ojos como si tuvieran virtudes hipnóticas, y están dispuestos a decir cosas en las que no creen demasiado, o a cerrar los ojos ante lo que creen, con tal de salir victoriosos en las elecciones. Hasta aquí, parecería que ambos pertenecen a la misma caterva despreciable, y que tanto daría votar a uno como a otro. Pero no.

Ciertamente, hay diferencias en los programas y sobre todo en los principios; pero no voy a entrar en ello porque ni yo ni mis lectores, ni siquiera la mayoría de los españoles, conocemos esos aspectos muy a fondo. Me voy a centrar en las personas de los candidatos, que con ello he empezado, y además es algo que cualquiera puede hacer también, después de leído este panfleto.

Resulta que uno de los dos miente más allá de lo normal; esto es, no miente puntualmente, sino que lo hace de forma sistemática, estructurada, se podría decir que ontológica. Miente desde que comenzó a hablar en público, no ha dejado de hacerlo ni se vislumbra una conversión. Todo su discurso es una red tupida de mentiras donde las escasas verdades, que se cuelan aunque sólo sea por exigencias gramaticales, no relucen, y es que tampoco respeta la gramática. Este mismo candidato es dueño de un discurso oblicuo, almibarado y hueco, que no dice nada concreto pero que dispara dardos narcotizantes hacia el electorado y ponzoñosos hacia sus contrincantes. Es un candidato que no hilvana sus ideas, sino que las yuxtapone en razón de su olor y peso, igual que hace con las palabras que las enuncian, si se puede decir así, de forma que su discurso es mera retahíla de conceptos y silencios que los subrayan. Sobra decir que este candidato pretende manipular, porque engola la voz de continuo, mira con una convicción que no puede existir en este mundo, y engaña con desfachatez crispante, sin importarle que hace tres días dijera cosa diferente. Es un candidato, en fin, que tiene un séquito a su servicio para tirar las piedras sin ensuciarse las manos, y luego él reprochar al agredido su escaso talante democrático…

¿Sabéis quién es? Pues no será tan fácil averiguarlo. Porque aunque es falso, iletrado y turbio, se las ingenia para salir victorioso en todas las encuestas y que el malo parezca el otro, que solamente es torpe. Todo el que haya sido atrapado como un pececillo en su red de mentiras, todo el que haya sufrido la educación menesterosa que nos ha dejado su gobierno, todo el que se haya rebajado a vender su alma por los sobornos que arroja al pueblo lacayuno dirá que es el mismo Dios. Y el propio personaje lo debe de creer, pues ya dijo una vez, con desvergüenza blasfema, que es la libertad la que nos hace verdaderos. En el fondo querría decir que es su voluntad la creadora de la verdad con la que quiere hacernos comulgar a todos. Ojalá no lo consiga.

lunes, 3 de marzo de 2008

Las hermanas Bolena


El primer tercio del siglo XVI fue muy agitado en Inglaterra. Su rey, Enrique VIII, que había recibido el título honorífico de Defensor de la Fe Católica, consumó el cisma con la Iglesia de Roma. La razón principal, aunque confluyeron otras, fue su fascinación por una ambiciosa cortesana, Ana Bolena, que no conforme con ser la amante favorita del rey, le indujo a librarse de su esposa. Ésta, Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, había cometido el imperdonable pecado de no darle un heredero varón. El matrimonio, por otra parte, era válido, y ninguno de los intentos de Enrique VIII para que el Papa reconociese una forzada nulidad dieron resultado, pues lo que pretendía realmente era la disolución de un vínculo que había surgido con todos sus elementos necesarios. Cuando vio que esa vía era imposible, forzó la separación de Roma e impuso a su pueblo la obligación de guardarle lealtad al precio de abjurar del catolicismo. Algunos se opusieron por salvar su fe y su conciencia, como Tomás Moro, y por ello perdieron la cabeza, literalmente. Puede resultar sorprendente que en unos tiempos de corrupción y ligereza de costumbres como aquellos, en los que la santidad del matrimonio y la fidelidad eran tan cuestionadas, hubiera personas inteligentes que estuvieran dispuestas a perder su vida con tal de no aceptar un divorcio encubierto. Tendríamos que aprender mucho de ellos en nuestros días.

La película «Las hermanas Bolena» cuenta parte de esta historia, digamos que es la otra cara de «Un hombre para la eternidad» (la pasión de Tomás Moro y una de esas pocas películas imprescindibles). Narra el ascenso al poder de la ambiciosa familia Bolena, y las consecuencias de su desmedida avaricia. Está bien interpretada por Eric Bana, Scarlett Johansson, Natalie Portman y Kristin Scott-Thomas, pero quisiera destacar a la española Ana Torrent, que en su breve papel como Catalina de Aragón da un realce al personaje que no he visto en otras películas, lo que permite apreciar la dignidad y firmeza de su posición, y me hizo sentir un cierto orgullo. También es destacable que una película de época deje en mal lugar a casi todos los protagonistas no españoles, es decir, que se atenga a lo esencial de la historia, ya estamos cansados de tanta leyenda negra antiespañola.

No es una película excepcional, pero sirve para conocer un poco la historia. Ahora bien, es preciso completarla con la fabulosa «Un hombre para la eternidad».

lunes, 25 de febrero de 2008

Oscars


Creo que este es el año que menos entusiasmo me han despertado los óscars. Esta vez ni me molesté en llevar el smoking al tinte, ni me afeité (bueno, Bardem tampoco), ni me afané por buscar la ceremonia en algún canal codificado para quemarme las pestañas. La única alfombra que he pisado es la del cuarto de baño, y no es roja todavía. Las razones pueden ser varias. Que iba a ganar el óscar un actor español muy bueno pero muy malo. Que estoy empezando a asumir la idea de que ese hueco reservado para mi óscar en el cuarto de baño debería ser ocupado por la espuma de afeitar (sí, mi cuarto de baño viene a ser como el Kodak Theatre, pero con mucho más glamour y albornoces tipo «Historias de Filadelfia»). Que esa generación de los que nos formamos en el Actor’s Studio quizá deba ceder su lugar a las nuevas y pujantes promociones (Paul Newman ya se ha retirado, yo lo haré, colmado de honores, en alguno de mis próximos sueños).

En definitiva, los óscars se han entregado sin contar conmigo, en la misma línea díscola de las últimas ochenta ediciones. Y han deparado un palmarés sin sorpresas, del que ya lo he visto casi todo, y con el que estoy humildemente de acuerdo. «Ratataouille», «Juno», «No country for old men», «Expiación» o «El ultimátum de Bourne», las premiadas, ya recibieron merecidos elogios en este blog. Me alegra especialmente que Dario Marianelli, cuyos trabajos sigo con creciente admiración, se haya llevado por fin el premio a la mejor banda sonora; ahora la tengo de fondo y siento (¿verdad, Dario?), que un trocito de ese óscar también me pertenece…

Me quedan por ver «Sweeny Todd» y «There will be blood», que según tengo entendido son altamente desagradables. También me alegro de que ese zapatero prodigioso que es Daniel Day Lewis haya conseguido su segundo óscar. Creo que es el único que me da más miedo que Bardem.

sábado, 23 de febrero de 2008

Dos lecturas





Este mes he terminado de leer mis primeros dos libros del año. Sé que es una cifra corta y pobre, pero no tengo excusa. Tengo otros varios empezados, pero no se vislumbra su fin. A lo que iba, los dos libros me han parecido bien, y aunque no me hayan cambiado la vida, no está mal leerlos.

El primero es «La gesta española», de José Javier Esparza. Es un libro divulgativo, que no entra en honduras, y que pretende recordar, y en algunos casos descubrir, algunos importantes hitos de la historia española, con el rasgo de común de que en ellos se pone de manifiesto que los españoles hemos sido protagonistas de hazañas muy grandes y sin parangón, muchas de ellas olvidadas por desgracia hoy. Sin ir más lejos, yo no conocía el caso de Blas de Lezo, que con unas pocas fuerzas derrotó a toda la armada británica y salvó nuestro imperio. El autor también se preocupa de quitar hierro a la leyenda negra española, tan culpable de nuestros complejos y nuestra desmemoria, y tan exagerada. La última vez que estuve en Madrid, un profesor colombiano se sorprendía de que la leyenda negra estuviera más arraigada aquí que en Hispanoamérica, donde viven sus supuestas víctimas. Es un ejemplo de que la ignorancia es terreno abonado para la manipulación. En fin, el libro es ameno, descubre algunos episodios poco conocidos, y relata otros muchos ya sabidos, pero que viene bien recordar y conocer con más detalle.

El otro libro es la novela de Juan Manuel de Prada «El séptimo velo». Se sitúa en dos planos, el actual, en España, y la II Guerra Mundial en Francia, en el ámbito de la Resistencia. Es un libro de aventuras, en parte, y también de introspección, en torno al viejo tema de la amnesia. Desde mi punto de vista destacaría varias cosas. En primer lugar, la excelente prosa de De Prada, menos barroca que otras ocasiones, pero siempre con la palabra precisa y la comparación deslumbrante; pero su categoría de escritor no se queda en la forma, sino que es experto en diseccionar el alma humana, sus sentimientos más hondos y sus culpas. Por otro lado, es un libro enormemente cinematográfico, parece pensado para facilitar la labor a un futuro guionista, de tan claras que se imaginan algunas escenas. Por este lado, no es muy original, sobre todo porque, ya digo, uno cree vislumbrar secuencias que ya ha visto en algunas películas. Pero el conjunto es ambicioso y trabajado, y la prosa envolvente del autor nos conduce sin fatiga hasta el final. Confieso que me resultó más brillante su anterior novela, «La vida invisible», pero también es cierto que, por diversos motivos, aquella lectura resultó más dura, era más una bajada a los infiernos que esta otra, plagada de peripecias.


martes, 19 de febrero de 2008

Manipulación


Ayer asistí a una conferencia de Don Alfonso López Quintás titulada «La manipulación a través del lenguaje». Hace casi veinte años que leo sus trabajos, y ayer no dijo nada nuevo, pero siempre enriquece ver y oír a las personas en vivo.

Trataré de resumir sus ideas fundamentales acerca de la manipulación, que por cierto nos envuelve. En primer lugar, manipular es degradar a la persona desde su nivel propio hasta el de los objetos, con menoscabo por tanto del respeto que merece su dignidad. Se manipula para obtener algo, es decir, se utiliza a la persona como un medio, y lo hacen aquellos que pretenden vencer sin convencer, utilizando alguna forma de seducción que ignore la inteligencia o la razón. En cuanto a los trucos de prestidigitador que emplea el manipulador para alcanzar sus fines, son muchos, pero cuando se trata del lenguaje, hay que estar muy atento al uso de hace de «palabras talismán», esas que están especialmente prestigiadas en la sociedad –como libertad o autonomía–, y sus antagónicas, así como los esquemas mentales y dilemas que artificiosamente es capaz de inculcar. Un ejemplo claro de manipulación es hacer campaña a favor del aborto alegando «la libertad de disposición de la mujer sobre su cuerpo». La presencia del término libertad prestigia la frase y hace muy difícil combatirla; la idea de que la mujer tiene un cuerpo, en lugar de afirmar que es corpórea, la cosifica.

La manipulación que empapa tantos campos de nuestra sociedad, no sólo el político, es tremendamente peligrosa y reductora. Es preciso estar alerta, pensar bien, y no permitir los intentos de manipulación que podamos detectar. Cuando se admite el primer argumento del manipulador, se cae en su red y ya es muy difícil plantear los propios razonamientos.

Recomiendo mucho leer a López Quintás; en mi caso ha sido decisivo para comprender multitud de cosas del mundo en que vivimos. Aquí podéis encontrar varios artículos suyos on-line.

domingo, 17 de febrero de 2008

Juno


Esta película gira alrededor de una chica de 16 años (interpretada por Ellen Page, que en la vida real cumple 21 esta semana) que se queda embarazada. Lo que podría plantearse como un drama con rápido desenlace, de lo más habitual en nuestros días, se alarga… nueve meses, con un optimismo y unas ganas de vivir que no se cierran en ningún momento.

No es una comedia del estilo de Little Miss Sunshine, como algunos la han querido vender para aprovechar el tirón de aquella por el hecho de que también es cine «indie». Pero no deja de ser divertida, mejor, simpática, pero no chistosa, y muy inteligente. Los actores han sido elegidos con acierto, y en el caso del noviete, además bien disfrazados. Ellen Page, la protagonista, que ya sorprendió haciendo del lobo disfrazado de caperucita en Hard Candy, está formidable, y, como se suele decir, la cámara está enamorada de ella. Desde mi punto de vista tiene un algo de Janeane Garofalo puesta a dieta, unos ojos muy expresivos y una sonrisa curativa.

La película no es moralizante, es más, se ríe un poco de esa actitud. Simplemente muestra lo que debería ser lógico, la asunción de responsabilidad de quien se va a convertir en madre, aunque no lo haya previsto ni deseado, ni tenga aparentemente madurez ni medios para hacer frente a ello. Curiosamente, aquí son más inmaduros algunos adultos que no se ven como padres, aunque estén casados, por la sencilla razón de que no han madurado su deseo. Pero el error actual es creer que un hijo debe ser el resultado de una búsqueda consciente y premeditada, cuando es un don que, venga como venga, se debe recibir con generosidad y responsabilidad.

Me he quedado con una frase del final de la película, cuando ella le confiesa al novio su admiración por él, porque es bueno sin esforzarse, y él responde que le cuesta cantidad. Ahora soy yo el que está a punto de ponerse moralizante.

sábado, 16 de febrero de 2008

Improvisación


Es sábado por la mañana, vamos a comer en el campo, los pájaros mezclan su canto estridente con el tráfago automovilístico, el cielo está despejado, la vida continúa deparando sorpresas, el destino es un cuento chino, Dios existe y nos perdona todas nuestras culpas, expío mis pecados amando más, creo que la tele no reventará hoy, opino que los programas del corazón no morirán de golpe y para siempre, considero que la ideología de género es una plaga para la Humanidad, mi pronóstico para las próximas elecciones es incierto y terrible, Zapatero dijo que hoy empezaría a dramatizar, cada momento es una oportunidad para ser mejores, España fue grande pero ya hablaremos de eso, los próximos estrenos no me pillan desprevenido, deseo que Daniel Day Lewis gane otro óscar como que triunfe mi equipo, me gustaría que mis alumnos recordaran con agrado algo más que su aprobado, leo que el mundo está loco, loco, loco.
Necesitamos ayuda para seguir subiendo.

jueves, 14 de febrero de 2008

Corto y pego

No es que no tenga nada que decir, es que otros lo hacen mejor que yo (vaya también a modo de homenaje para gente íntegra y valiente).

Sobre la ocurrencia del Gobierno respecto de las tallas femeninas, escribe Juan Manuel de Prada en ABC: «El bueno de Bernat, según me acaba de descubrir Ruiz Quintano, ha definido a sus hijas adolescentes como “tormentas de hormonas”, que desde luego es un modo muy científico de expresar el amor paternal; y cuando en una hija ves una “tormenta de hormonas” no parece extraño que en una mujer anónima que pasa por la calle veas un mero cilindro. De todos modos, es una suerte que el bueno de Bernat haya encauzado sus ímpetus taxonómicos por el ramo textil; si esta manía de clasificar a las mujeres en diábolos, cilindros y campanas lo hubiese pillado cuando estaba destripando embriones en Valencia podría haberse convertido en un peligrosísimo perfeccionador de la raza. Parece que estoy viendo al bueno de Bernat en su laboratorio valenciano, seleccionando embriones como quien escoge lentejas: “Éste para el congelador, que es una campana; ése para la probeta, que es un diábolo; y aquél para la trituradora, que es un cilindro birrioso”».

Sobre los exabruptos y campañas de algunos actores y cantantes a favor del partido gobernante, escribe Ignacio Sánchez Cámara en La Gaceta de los Negocios: «sorprende algo que se presente el apoyo, confundiendo interesadamente la parte con el todo, como si procediera, ahí es nada, de todos los artistas y creadores, así sin más. Porque, si no me equivoco, han sido muchísimos más los artistas que no han apoyado al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero que los que sí lo han hecho. Entonces, la noticia podría haberse vertido así: Cientos de miles de artistas (el término cotiza a la baja y alberga ya a casi todo el mundo) no han prestado su apoyo al presidente del Gobierno. Por lo demás, no veo entre los cejijuntos a ningún pensador, ni premio Nobel, ni científico eminente, ni profesor prestigioso, ni veo a gran poeta».

Y para terminar, un extracto de la entrevista que Carlos Herrera le ha hecho a Zapatero en Onda Cero:
P: ¿La culpa de que quisieran agredir el otro día a María San Gil, la tiene ella o los independentistas que le desearon la muerte?
R: La tienen los energúmenos que fueron allí a reventar un acto de una manera absolutamente inaceptable en democracia. Lo que me parece mal es que haya habido dirigentes del PP que hayan insinuado que eso podía ser como consecuencia de mi política. Eso es lo que es intolerable en democracia. Es tan intolerable como las agresiones a María San Gil. Porque le puedo decir que yo y muchos dirigentes del PSOE tenemos gentes que nos insulta, radicales energúmenos, lo último que se me ha pasado a mí por la cabeza es decir que eso directa o indirectamente puede ser responsabilidad de los responsables del PP. Eso entre demócratas no cabe.
P: Algo parecido sostuvo el presidente de las Juventudes Socialistas, que culpaba al pensamiento de la señora San Gil...
R: No tengo ninguna referencia a esa declaración.
P: Yo sí, si quiere se la pongo.

martes, 12 de febrero de 2008

No es país para viejos



Los hermanos Coen tienen dos tipos de películas, por un lado las sórdidas y violentas, y por otro las divertidas y alocadas. Ambas pueden ser, a la vez, gamberras, entendiendo por gamberrismo un cierto regodeo en la exageración, tanto de lo gracioso como de lo truculento, según toque.

Su última película es No country for old men, más conocida por los triunfos que Javier Bardem está cosechando por su trabajo en ella. No puedo dejar de decir algunas cosas sobre este tío. Ha demostrado que puede ser un excelente actor, y no lo digo sólo por los premios que ha recibido y recibirá: en la primera película suya que vi, cuando estaba empezando, ya me sorprendió su talento, muy por encima de los demás actores españoles modernos. Pero no siempre es buen actor, y en este blog hemos criticado algún otro trabajo; y desde luego es muy mal autodoblador, y su dicción deja mucho que desear (por suerte, esta vez le han doblado). Luego está su otra faceta, la de persona y ciudadano, que se puede resumir en gorila energúmeno.

Pero vayamos a la peli. La acción se desarrolla en 1980, aunque no te lo dicen directamente. Y me interesa señalar este dato, porque si las cosas ya estaban tan mal en aquellos tiempos por Texas, no sé qué pensarían ahora los protagonistas más ancianos de la película, que durante toda la historia no dejan de estar atrapados en el asombro de que el mundo que conocieron se ha torcido demasiado hacia el exceso y la locura. De ahí el título de la película.

Como es mi costumbre, no revelaré más para no molestar a quien no la haya visto todavía. Sólo comentaré que los actores están magníficos, con la grata sorpresa de un Josh Brolin que todos recordarán por Los Goonies, y algunos por Jóvenes jinetes; Bardem es un asesino nato y da mucho miedo, pero eso no nos sorprende. Además, para mi gusto, y dentro de la rama de películas sórdidas y violentas de los Coen, aunque no las he visto todas, ésta es la mejor, quizá porque han sustituido el gamberrismo por la melancolía. Y el humor es tan fino y contenido como el laconismo de los hombres de la frontera.

domingo, 10 de febrero de 2008

Julián Marías




La ausencia de días pasados se ha debido a mi participación en el Simposio Internacional Complutense sobre Julián Marías. Puedo decir mucho sobre él, a ver si me contengo.

Ante todo, que le admiro desde hace años, he leído bastantes de sus libros y creo que puedo considerarlo mi escritor preferido. No sólo esto, sino que me uno a lo que dijo Gregorio Salvador en Madrid, y es que ha sido uno de los mejores escritores en español del siglo XX. Además de esto, ha sido un pensador penetrante a la vez que claro, un iluminador de la vida y las ideas, un maestro del hombre y la moral, un agudo penetrador de la historia y un original cinéfilo, un hombre íntegro y honesto desde la niñez, comprometido con la libertad y la verdad, un sorprendente pozo de sabiduría, un académico ejemplar, un… Sabía que no podría contenerme. Porque una de las cosas que se han puesto de relieve en este Simposio es la cantidad de facetas de este español singular y extraordinario, un auténtico hombre poliédrico.

Pero está la otra cara, la de la injusticia y cicatería con su persona, costumbre tan española. Se le negó la docencia universitaria en España durante la época de Franco, aunque era reclamado en universidades de todo el mundo, especialmente americanas; se le suspendió ilegalmente la tesis doctoral; apenas ha recibido reconocimientos oficiales por sus méritos: ningún premio nacional de ensayo, que debió haber ganado varias veces, más que otros; nada de premio nacional de las letras; nada de premio Cervantes (aunque lo tocó con los dedos un par de veces)… Le dieron, eso sí, el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, aunque a sus seguidores nos supo a migajas.

Discípulo de Ortega y Gasset, quizá no tuvo la brillantez de su maestro, pero a cambio resulta mucho más accesible, y desde mi punto de vista mucho más cercano en su filosofía a la vida de cualquiera, porque contemplar y entender la vida humana fue su principal ocupación. La otra diferencia con Ortega fue su fe cristiana, discreta pero firme y profunda, lo que baña su pensamiento de una riqueza especial.

Para quien no se haya acercado todavía a su obra, recomiendo por ejemplo el primer tomo de sus memorias, Una vida presente, donde cuenta su juventud y los azares de la República y la Guerra Civil (los otros tomos quizá sean para gente con cierta inquietud intelectual y académica; ahora se han reeditado en un solo volumen por la editorial Páginas de Espuma). Un buen libro para introducirse en su pensamiento es Mapa del mundo personal, al que se puede aplicar la famosa sentencia de que «nada de lo humano le es ajeno», desde la muerte, Dios o el amor. Sobre la mujer, a la que tanto admiró, escribió La mujer y su sombra, o La mujer en el siglo XX. Su mirada esperanzada se vuelca en libros como Breve tratado de la ilusión, y su preocupación por el hombre en Persona. Reunió gran parte de sus artículos de cine en Visto y no visto… En fin, escribió mucho, sobre todo temas filosóficos, y sus libros no tienen desperdicio.

Es plenamente vigente, y a mí personalmente me ha ayudado en la vida. Os recomiendo que entréis en contacto con él, no os arrepentiréis.

lunes, 4 de febrero de 2008

Iglesia y democracia


En 1937, el Papa Pío XI, promulgó una encíclica sobre la situación de la Iglesia católica en el III Reich. El título, en alemán, ya lo decía todo: Mit brennender Sorge, algo así como Con honda preocupación. Extraigo una sola idea de su texto: «Fomentar el abandono de las normas eternas de una doctrina moral objetiva, para la formación de las conciencias y para el ennoblecimiento de la vida en todos sus planos y ordenamientos, es un atentado criminal contra el porvenir del pueblo, cuyos tristes frutos serán muy amargos para las generaciones futuras». Son duras palabras dirigidas a un gobierno que, no lo olvidemos, había sido elegido por las urnas y contaba con el mayoritario apoyo de su pueblo.

Acerquémonos ahora a España. Anoche, en la entrega de los desprestigiados premios de la Academia del Cine, el ganador del Goya al mejor actor, un tal Alberto Sanjuán, se permitió un ruego: que sea disuelta inmediatamente la Conferencia Episcopal. Esto me lleva a varias reflexiones. Una, que el cine español no da mucho de sí, y hay que traer asuntos de política o religión a sus galas para tener algo de qué hablar. Dos, que un ignorante puede recibir un premio en España. Tres, que la campaña anticlerical sigue adelante. Cuatro, que nuestra democracia sigue presentando unos síntomas de inmadurez alarmantes, por cuanto parece regresión del proceso iniciado hace ya más de treinta años.

Resulta que la Conferencia Episcopal ha publicado una Nota sobre las elecciones del 9 de marzo, en la que recuerda a los católicos los criterios morales básicos para emitir con responsabilidad su voto. Los anticlericales de este país, empezando por el Gobierno, han denunciado que los obispos atacan a unos partidos y piden el voto para otro, para el PP en concreto. Dando muestras evidentes de no haber leído la Nota, que por cierto es respetuosa y sensata, se han dicho desde entonces todo tipo de sandeces, como que la Iglesia pretende imponer su creencia a la sociedad, que quiere acallar al gobierno, o lo que dijo el actor ése anoche.

Resulta que la Iglesia no ha pedido el voto para ningún partido. Pero, ¿y si lo hubiese hecho? Desde el punto de vista democrático, tendría todo el derecho, como cualquier instancia ciudadana, de hacerlo, sin que ello violentara la Constitución, ni hiciese tambalear los pilares de la democracia. Miremos tan sólo el ejemplo de los Estados Unidos: allí pedir el voto es uno de los ejercicios democráticos más honrosos, y todos, desde religiosos a actores, se pringan a la hora de airear sus preferencias. Nadie se rasga las vestiduras por ello, ya que a fin de cuentas no es más que la manifestación pública de lo que luego se hará en secreto, y votar no es ningún crimen.

En España, sin embargo, la Iglesia no pide el voto para ningún partido, sólo recuerda la doctrina moral más básica, lo que ni siquiera es privativo suyo, sino derecho natural. Y toda clase de insidias y descalificaciones caen sobre ella, como si hubiese tramado un golpe de Estado. Incluso muchos católicos se distancian de los obispos, porque creen que no pueden abandonar la sacristía. Pues se equivocan, señores, los obispos tienen derecho a decir lo que han dicho, es más, tienen obligación de hacerlo. Y si no piden el voto para ningún partido, que no lo han hecho, es porque no hay ninguno que se acerque al listón moral que exige Cristo.

Ítem más: resulta curioso que los que no dudan en denunciar a la Iglesia por un supuesto silencio ante las barbaridades de Hitler –ya hemos visto que no fue tal–, se indignan y rasgan las vestiduras cuando advierte ante los desmanes de otro gobierno. Claro que no estamos hablando de un Ejecutivo nazi, pero eso tampoco significa ni mucho menos que sea bueno.

domingo, 3 de febrero de 2008

Tarde de domingo, tarde de cine

No sé lo que harán otros un domingo por la tarde. Pero nosotros hoy, después de comer opíparamente, hemos encendido el brasero, nos hemos provisto de licorcete y dulces, y hemos disfrutado de una sesión doble de cine, con la siempre segura ayuda de los clásicos.

Primero hemos visto “Barry Lyndon” (Stanley Kubrik, 1975), una película de época –de época dieciochesca-, en la que destaca la exquisita recreación que enmarca las aventuras de un hidalgo pobre y además irlandés: cómo pasa de la inocencia bisoña a la rudeza de un soldado curtido, hasta convertirse en consorte de un apellido rumboso, lo que le gana enemigos que preparan su caída. En esta película, quizá más que en ninguna otra, se pone de manifiesto el perfeccionismo de Kubrik. La fotografía parece reproducir cuadros en movimiento, la adaptación que la banda sonora hace de música clásica –Mozart, Bach, Schubert, entre otros- es perfecta, el vestuario lujosísimo, y los decorados de Inglaterra y Europa continental, evocadores y preciosos. Es una película que culturiza, porque traslada a otro tiempo, y constituye un placer para los sentidos. Eso sí, merece una pantalla amplia, para apreciar bien sus virtudes. Yo he tardado muchos años en poder verla en condiciones desde que supe de su existencia.

La segunda sesión se ha llenado con “Al servicio de las damas” (Gregory La Cava, 1936), una excelente muestra de screwball comedy, o comedia alocada, que si al principio choca por ser un tanto surrealista, luego resulta deliciosa, por la fina ironía del guión y la elegancia y la simpatía de los protagonistas, William Powell y Carole Lombard, al frente de un elenco de secundarios extravagantes y divertidos. Es una muestra de lo que el cine puede hacer, logrando una obra intemporal sin caer en el mal gusto o la truculencia. Hay mucho que aprender de aquellos directores, por algo se la llama época dorada del cine.

Y así concluyo una entrada en la que he empleado los adjetivos “exquisita”, “deliciosa” o “preciosos”. Hay que correr riesgos en esta vida.

viernes, 1 de febrero de 2008

Qué asco de tele


En el poco rato que llevo viendo (quién me manda) el telediario de la Primera, han criticado a los obispos por dar directrices a los católicos acerca de las elecciones, han defendido el aborto como un derecho y han acosado a un párroco por intervenir en el caso de un cofrade divorciado y arrejuntado.

Sé que hay católicos que no ven bien algunas posturas de la jerarquía eclesiástica española, que piensan que mea fuera de tiesto (con perdón) en demasiados casos y que debería hablar más de Cristo que de derechos humanos. Pero yo creo que Cristo también defendió ni más ni menos que la vida cuando se interpuso entre la adúltera y sus perseguidores; que Juan Bautista denunciaba la lujuria de Herodes; y que en muchas otras ocasiones se ha puesto de relieve que el cristiano debe mirar al cielo, pero sin olvidar que está en la tierra.

En fin, es un debate abierto, y es bueno profundizar siempre que se busque lo mejor, siempre que se aspire a servir a la verdad. Pero yo también lo veo todo más claro cuando compruebo que quienes más critican a los obispos, “en nombre de Cristo”, son quienes más se distinguen por apartarse del Magisterio de la Iglesia, por hacer cócteles político-religiosos, y por pensar más en la economía que en el alma.

Esto no quita que sienta asco ante los medios de comunicación de este gobierno de mentirosos. Y miedo ante el asentimiento ovino de las masas que abrevan de ellos. Menos mal que, pese a todo, el triunfo no depende de este mundo ni de nuestras fuerzas. Pero, como decía Julián Marías, que por mí no quede.

martes, 29 de enero de 2008

Historias de Filadelfia


La elegancia de un director, la inteligencia de un guión y el talento de unos actores dan lugar a una obra maestra de la comedia y del cine en general. Todo el mundo ha visto ya “Historias de Filadelfia”, o debería, de modo que no voy a descubrir su trama. Tampoco sus “gags”, que son sutiles, sin subrayados, casi como flecos de la historia, remates de lujo.

A lo que voy es a la comparación entre la comedia clásica y la actual. Estamos acostumbrados a que comedia sea sinónimo de risotada y golpe de efecto, con frecuencia de tono escatológico o procaz, y casi siempre sin una historia digna sobre la que sustentarse. Posiblemente, un público joven no conecte con el humor que encierran “Historias de Filadelfia”, “La fiera de mi niña” o “El hombre que vino a cenar”, y crea que es más comedia una película de Jim Carrey o cualquier parodia de los estrenos del año.

Sucede algo con el cine clásico, y es que deja un regusto en el paladar (o el órgano equivalente para registrar huellas de placer cinematográfico), una impronta satisfactoria en la sensibilidad, más honda y duradera que la torsión de una carcajada. Tantas comedias de hoy se olvidan antes de que termine uno de salir del cine. Pero las clásicas, aunque no hayan conseguido desternillarnos, infiltran su humor hasta capas más profundas, provocando una cosquilla en el alma que permanece como un rescoldo en la memoria el resto de la vida.

Lástima que actualmente el cine clásico sea un peñazo para muchos, a veces con la única excusa de que no está en color. El que sabe apreciar los matices del blanco y negro tiene una sensibilidad mayor que quien necesita un trapo rojo para mantener la atención. Y quien se recrea en un juego de palabras demuestra más cultura que otro que espera con las mandíbulas desencajadas a que le llenen la boca de procacidades.

sábado, 26 de enero de 2008

Expiación


Dunquerque, aparte del lugar de una batalla, una humillación o una derrota, debió de ser un sitio donde miles de personas de diferentes nacionalidades e idiomas, expuestas al límite de sus fuerzas, al límite de su esperanza, se agarraron al recuerdo de algo o alguien por quien mereciera la pena seguir luchando y esperando.

En «Expiación» se cuenta eso, entre otras cosas (no es cuestión de desvelar aquí las claves de la trama). Me ha gustado mucho porque habla de personas, de amor, de culpa, y de expiación, por supuesto. No son muy frecuentes las películas sobre este tema, quizá porque la expiación supone un renunciar a sí mismo y volcarse hacia los demás o hacia una tarea que sirva para redimir las culpas, y eso a veces implica retraimiento y reclusión, escasa relevancia pública, papeles más bien secundarios. El que expía culpas es preso –si le obligan– o santo –si lo hace voluntariamente–. Villano o héroe; fuera de estos casos, será un personaje marginal, que puede llegar a influir en la trama principal, pero no la protagoniza.

La expiación no sólo tiene que ver con la culpa; también con el arrepentimiento, que es la antesala del perdón. En nuestros días no se lleva la culpa, está mal visto, hay que sentirse siempre bien y no arrepentirse de nada. Lo malo de esto es que impide el perdón, el auténtico perdón, que no es ni cortesía ni olvido, sino amor al prójimo.

También me ha gustado la película por sus buenas interpretaciones, el guión, la música, una vez más acertada, de Dario Marianelli, la fotografía, el vestuario y los decorados. Todos ellos han recibido nominaciones para los oscars de este año, así como la película y la niña, Saoirse Ronan. Me ha llamado la atención especialmente la ambientación de la guerra, magnífica y original, en un episodio, que yo sepa, no muy retratado por el cine.

No me arrepiento en absoluto de haberla visto, así que no tengo culpas que expiar. Por ahora.

jueves, 24 de enero de 2008

Heath Ledger


Debo reconocer que cuando supe que Heath Ledger iba a interpretar al Joker en la próxima película de Batman, me pareció que no pegaba, sobre todo si le comparaba con Jack Nicholson, que me parecía más hecho para el papel de malo desquiciado y sonrisa hasta las orejas.
Luego vi algunas imágenes (la que he puesto no es la más dura) y me recordó a "El cuervo", y me pareció un Joker más terrorífico que el de Nicholson, lo que me resultó sugestivo, pero me sorprendió aún más, porque tenía una idea blandita de Ledger.
Ahora que ha muerto por una sobredosis de somníferos, y habiendo sabido que ya antes había intentado cortarse las venas, no me sorprende tanto. Curiosamente, Brandon Lee murió haciendo del Cuervo, al que se parece tanto este Joker.
También me he enterado de que hace unos días fue encontrado igualmente muerto Brad Renfro, 25 años, conocido por ser el niño de "El cliente".
Que Dios les acoja en su misericordia.

lunes, 21 de enero de 2008

Lavado de cerebros para niños


La cosa está que arde. De entre los varios temas que tenía para escribir hoy he tenido que escoger este, con urgencia y taquicardia. No voy a resolver nada con ello, pero subamos el nivel de alarma, por favor, que hay motivos para el pánico.

Resulta que la Junta de Andalucía ha editado una guía para asegurarse que los niños en el colegio no van a caer en el perverso vicio de la desigualdad ni siquiera en el antaño inofensivo tiempo de juego. La desigualdad, esa peste negra de los progres, puede aprovechar ese rato distendido para emponzoñar las cándidas almas de los escolares, e inocular así un veneno que en la edad adulta puede manifestarse de forma harto indeseable.

Por ejemplo, hay que velar por que el sexismo no se inmiscuya en los juegos infantiles. El reparto de tareas y juguetes debe obedecer a criterios asexuales, y además la representatividad de niños y niñas debe ser pareja en todo momento, no sea que se produzca el temido fenómeno de la «invisibilidad de la mujer», con tufo a las peores épocas de la historia de la Humanidad, como el franquismo o el gobierno del PP, las únicas que un niño de hoy acertaría a enumerar. Por eso, no se encasillará a las niñas en juegos donde no puedan expresar su ira, o a los niños en divertimentos que les impidan dar rienda suelta a un llanto emotivo.

Pero hay otro lado por el que la desigualdad puede encontrarse traidoramente emboscada. Esa manía de que en todo juego deba haber ganadores es cruel y despiadada con los más torpes o vagos, y hay que erradicarla. En toda circunstancia. Por ejemplo, en el juego de las sillas nunca se irá nadie a la calle por quedarse sin asiento, sino que habrá de compartirlo con otro, hasta que en la última silla todos los amontonados hagan ímprobos esfuerzos por no caer al suelo. Sin duda es una metáfora del buen socialismo: cómo va quitando, quitando, hasta que lo poco que queda es un ridículo punto de equilibrio inestable para la masa estúpida que aceptó jugar.

Y no estamos hablando de Educación para la ciudadanía, que merecería capítulo aparte. Padres y futuros padres, tíos y padrinos: si algún día esos inocentes niños que dejaron el hogar horas antes regresan con la mirada perdida y las comisuras babeantes, recitando letanías de amor al Líder, no digan que no se lo advertimos.

miércoles, 16 de enero de 2008

Historia encadenada (que continúe el siguiente)



La mirada de Leopoldo tenía esa mañana un brillo especial. Lo percibió él mismo, cuando se acercó al espejo para componer su fabuloso mostacho, ese que le permitió actuar de extra en grandes producciones históricas, como «Nicolás y Alejandra» o «Los duelistas». La vida le sonreía desde que un centenario y olvidado pariente suyo le convirtió en único heredero de su vasta fortuna, consistente en un latifundio andaluz amasado en periodos desamortizadores. De modo que ahora podía sentirse casi como una de esos señores de época que aparentó en las viejas películas, y sólo echaba de menos para completar el cuadro que un carruaje señorial lo esperase en la puerta.

Pero ese día era especial por algo más. Merceditas, la amiga, amante y esposa que nunca fue, a pesar de sus desesperados intentos durante años por conferirle tales títulos, quería por fin entrar en su vida, tras recapacitar acerca de las singulares virtudes de Leopoldo y de sus bigotes, que hasta entonces siempre había desdeñado.

Con el ánimo encendido por la inminente cita, avanzaba Leopoldo por la calle, capaz de devorar el mundo. Pero una sorpresa le aguardaba a la vuelta de la esquina:…

domingo, 13 de enero de 2008

Informe Semanal contra la vida


Es conocido de todos que Informe Semanal es un programa que ha forjado su prestigio durante décadas, lo que le ha deparado un unánime reconocimiento, aunque ya existan otros programas parecidos. Cuando yo era chico, ver Informe Semanal en familia era una costumbre, y resultaba instructivo, y no meramente informativo.

Sin embargo, en los últimos años el programa se ha ido empapando de ideología y partidismo, que ya rezuma por los cuatro costados. La emisión de anoche alcanzó tales abismos de degradación en la zafiedad de su manipulación y sus mentiras que es preciso denunciarlo, por la gravedad del tema del que se ocupaban. El asunto era el aborto, cuestión de actualidad por la denuncia que grupos cristianos han hecho de mataderos de niños no nacidos, principalmente en Madrid y Barcelona, lo que ha provocado una reacción de dirigentes socialistas que se puede calificar de abyecta. Sin ir más lejos, el presidente de la Junta de Andalucía sugirió que habría incentivos económicos para los médicos que los practicaran, habida cuenta de que la mayoría no lo hacen por ser objetores; esta felonía ha provocado la reacción del colectivo, justamente ofendido por ese intento asqueroso de comprar su conciencia. Tan repugnantes son las posturas de estos políticos, como estremecedor el propio crimen cometido, que ha deparado escalofriantes revelaciones como la existencia de un sujeto al que llamaban «Rompecocos», del que no es preciso decir más.

En este contexto, el antaño prestigioso Informe Semanal no tuvo otra propuesta que hacer que la emisión de un «reportaje» sobre el tema, en el que pudieron expresar su opinión toda clase de personas… que estuvieran a favor del aborto. Terminado el atentado a la verdad y a la inteligencia, sólo se podía concluir que algunas voces fanáticas se han opuesto con maldad al ejercicio de un derecho puro de la mujer, pero que la sociedad en masa apoya la libertad y pronto acallará a los disidentes. De hecho, Informe Semanal ya los acalló anoche, porque no dio voz ni a uno sólo.

El aborto es un crimen, se está cometiendo en España con dimensiones de genocidio, y la mayor parte de la sociedad parece idiotizada o cómplice, como los alemanes que veían pasar los trenes de ganado camino de los campos de exterminio. No podemos callar, porque nuestros hijos y Dios juzgarán culpable nuestro silencio.

viernes, 11 de enero de 2008

El mundo de Grey



Veo esporádicamente la serie «Anatomía de Grey», y cuando la veo el sentimiento más frecuente es la sorpresa. Supongo que es lo que pretenden sus guionistas, como los de cualquier culebrón televisivo, aunque mi sorpresa va por otros rumbos.

A mí me asombra que esta serie, que recrea las peripecias, tanto médicas como sexuales, de un grupo de jóvenes residentes en un hospital estadounidense, muestre una realidad en la que priman la volubilidad, los instintos primarios, el egoísmo, la envidia, la inmadurez y la irracionalidad. Pero el otro asombro con el que se encadena éste es el que cree entrever que la realidad social no se aleja demasiado de la televisiva, aunque no sepa quién imita a quién, o si es un feedback continuo.

Desde mi punto de vista, es como si alguien hubiese llegado a una guardería y hubiese disfrazado a los niños de médicos, al tiempo que los hubiese dotado de una carrera de seis años, una cuenta en el banco y unos genitales más efervescentes que una gaseosa. Me parece que el resultado sería parecido a lo que muestra la serie, incluso parecido a lo que la sociedad en la que vivimos nos enseña cada vez más.

Me temo –y cuando digo temo, hablo de miedo– que el mundo en el que habito es cada vez más extraño para mí, y se me atraganta; o yo soy cada vez soy más un cuerpo extraño para él, y me expulsa a los arrabales. Tampoco es que creyera ni mucho menos que viviese en los mundos de Yupi –Dios me libre–; pero resulta que vivo en el mundo de Grey, y eso no me gusta tampoco, porque es lugar de gente infeliz, pueril y desquiciada.

Aunque si quiero deprimirme de verdad, todavía tengo la versión española de la historia.

miércoles, 9 de enero de 2008

The cooler


La otra noche vi esta película, sin grandes pretensiones, y me dejó un sabor agradable. Me atrevería a decir que, si no fuera por sus generosas dosis de sexo, violencia y lenguaje malsonante, podría encuadrarse en el estilo Capra. Cuenta la historia de dos perdedores en una ciudad tan poco humana como Las Vegas. Tan deprimente es su condición que el uno (William H. Macy) trabaja de gafe para un casino famoso, mientras ella (Maria Bello), es camarera en el mismo… y lo que haga falta. Por azares de la vida, se enamoran, y él comienza a sonreír y deja de ser gafe para convertirse casi en una pata de conejo.

La historia contiene todo lo sórdido que he mencionado antes, pero también tiene humor, aunque me quedo con el amor. En un momento dado, ella descubre lo que ha surgido entre ellos, y lo confiesa más o menos así: «Creo que te quiero. No, estoy segurísima de que te quiero. Cuando me quise dar cuenta, me habías atrapado. Eso no se le hace a una chica». La cita no es literal, y mejora en la película. A mí me pareció una declaración sencilla, sincera y bonita.

Por su parte, él, en otro momento, le dirá a ella: «A partir de ahora, no vuelvas a mirarte en un espejo. Mírate en mis ojos, y te verás como yo te veo». Tiene sus motivos para decirlo, que no voy a revelar aquí, y en sus palabras late algo profundo y auténtico. A pesar de la catadura de los personajes y la circunstancia en que viven, la historia de amor es real, no se queda en la superficialidad de los sentimientos o la pasión: ambos se juegan la vida el uno por el otro, buscan su bien, se sacrifican y proyectan su vida en común.

No es una obra maestra, pero me encontré con esas cosas buenas, y os las cuento.

lunes, 7 de enero de 2008

Britney Spears


No hace falta que presente a Britney Spears: cantante pop de carrera vertiginosa, que conoció el éxito muy joven y ha vendido millones de discos en todo el mundo. Alguno pensará que estoy tratando de atraer público al blog (los hay que desde la foto del escote no han vuelto a poner los pies por aquí). Nada más lejos.

Lo que ocurre es que la llamada princesa del pop lleva un tiempo siendo carnaza para los periodistas, que airean como desecho pestilente lo que queda de su destrozada vida privada, a los veintipocos años. Y no sólo los que se dedican a los programas del corazón, porque los noticiarios y demás pregoneros de morralla informativa se rebajan también a ese nivel. La muchacha chapotea en el charco de una vida personal calamitosa, con al menos un par de divorcios y un par de hijos en este mundo, que yo sepa, porque tampoco me he puesto a wikear para documentar esta entrada.

A mí me revienta mucho todo esto, porque a fin de cuentas la chica es una desgraciada que no ha tenido una familia que la sujete cuando el éxito se le ha subido a la cabeza, y sin educación ni criterio va dándose trompazos. Pero la razón de que escriba sobre este asunto es que me parece repugnante cómo se señala –de pequeño me enseñaron que estaba feo hacerlo– todo tropiezo de Britney Spears y se echa sal en sus heridas por los medios de comunicación en que todos abrevamos. Los mismos que, al minuto siguiente, hacen propaganda de tal o cual producto o comportamiento apropiado para la chica rebelde de hoy, «libre», desinhibida y descarada. Precisamente el tipo de chica que tiene todos los boletos para acabar como Britney Spears.

Estoy harto de que los padres de estas criaturas mediáticas abominen de ellas cuando su imagen se estropea, y no detengan su fervor por engendrar monstruos semejantes o peores para que hagan un cadáver joven y tierno. Son personas, son nuestros hijos.

viernes, 4 de enero de 2008

Qué bello es vivir


La mayoría conocéis mi devoción por Frank Capra, y particularmente por su película “Qué bello es vivir”, para mí, la mejor de todos los tiempos. Podría hablar mucho del guión maravilloso, del ritmo, de los actores –inolvidable James Stewart, en tantos registros-, de los momentos emocionantes –la conversación telefónica, el final-, de las lágrimas que siempre me asaltan cuando la veo.

Pero me voy a limitar a recoger lo que dice Capra en su autobiografía: «Es la mejor película que he hecho nunca. Es más. Me atrevo a decir que es la mejor película de la historia. No la hice para los críticos aburridos ni para los intelectuales pedantes. La hice para la gente sencilla como yo; gente que quizás había perdido a su marido, o a su padre, o a su hijo; gente que estaba a punto de perder la ilusión de soñar, y a la que había que decirle que ningún hombre es un fracasado».

Una cosa más. Lo que se cuenta en esta película no es un cuento de Navidad ni un cuento chino. Es lo que puede ser la vida, para lo que está hecha. Conozco casos, y por ellos sé que la vida es maravillosa.

jueves, 3 de enero de 2008

Ataques a la Iglesia


Esto no es un blog de asuntos políticos, pero ante ciertas mentiras no puedo callar. A raíz de la multitudinaria concentración de católicos en Madrid el pasado día 30 de diciembre, el partido gobernante ha evacuado un panfleto titulado «Las cosas en su sitio», que me he molestado en leer entero y que es puro desperdicio. No puedo extenderme mucho, así que comentaré algunas ideas:

-Se califica el acto como «manifestaciones públicas, de contenido político»: es una manera de insinuar dos cosas: una, que al tener contenido político (y no religioso, supuestamente), la Iglesia se mete donde no le incumbe; y dos, que el acto es partidista, porque la gente no distingue lo político, que es todo lo que afecta a los ciudadanos y a la sociedad, incluidos los católicos y la Iglesia, de lo que corresponde a los partidos.

-«La fortaleza de la democracia consiste en la garantía de la convivencia de opciones ideológicas, morales y religiosas distintas, sin aceptar la imposición de ninguna en particular»: se sugiere así que las manifestaciones de la Iglesia y los católicos en torno a cuestiones que interesan a todos, incluidos ellos, suponen un ejercicio de imposición de creencias. Imagino que también lo será para estos políticos el pertenecer a un sindicato, a un equipo de fútbol o a una asociación folclórica, y proclamarlo. A su juicio los creyentes deben callar, sobre todo si son católicos.

-«En un régimen de libertades, la fe no se legisla». Expliquemos esta consigna: para estos políticos la defensa de la vida contra el aborto, del matrimonio contra el divorcio y de la familia contra el individualismo son creencias religiosas de unos cuantos obispos y sus allegados más beatos y conservadores. No se puede pretender que la ley defienda el matrimonio, la familia o la misma vida tal y como pretende la Iglesia. Es más, la propia defensa que la Iglesia hace de esas nociones confirma las sospechas de estos políticos: son instituciones trasnochadas y arcaicas, a las que han hecho bien en tratar de desbaratar con sus iniciativas.

-«Toda confesión religiosa tiene plena autonomía en su orden doctrinal respecto de quienes participan de ella, pero es la sociedad la que tiene, a través de sus representantes, la potestad de ordenar los principios de libertad individual y de convivencia para todos los ciudadanos. Sólo quienes deliberadamente ignoran o no respetan estos principios se apartan de los fundamentos esenciales de la democracia». En definitiva, que la democracia que dicen defender estos políticos es la del silencio para los que no comulguen con sus ruedas de molino, que para ello les respalda una precaria mayoría compuesta de partidos diversos entre los que figuran algunos postuladores de la disolución de España y del odio a la religión. Ellos son los únicos con derecho a decir qué conviene a la sociedad, que para eso han ganado, y los demás, que traguen. Sin embargo, la Iglesia no ha puesto en cuestión la legitimidad de quienes gobiernan, sólo ha querido hacer oír su voz respecto de cuestiones urgentes, que la misma Constitución defiende como valiosas; pero por lo visto, el mero hecho de que hable es un peligro para la democracia.

-«No hay más legitimidad que la legitimidad constitucional». Y esto, ¿a qué viene? ¿Quién ha puesto en duda la Constitución? Precisamente lo que ha hecho la Iglesia es tratar de recordar que debe aplicarse lo en ella dispuesto, así como la Declaración Universal de Derechos Humanos, a la que aquella remite en su artículo 10. Pero es otra forma de poner a la Iglesia contra el orden jurídico constitucional y la democracia, sin fundamento alguno. A no ser que estimemos que la democracia la constituyen solos estos políticos.

Todo el panfleto, que ocupa un folio, viene demagógicamente trufado de los conceptos (y sus derivados) «libertad» (8), «respeto» (5) «democracia» (4), «igualdad» (2), que se aplican a ellos mismos y a su talante, junto a otros conceptos empleados de forma manipuladora como «avanzar», «fortalecer» o «ampliar», que orlan sus actuaciones de un aura positiva y guay.

A esto hay que sumar los diversos improperios eructados por dirigentes políticos que no merecen más que un discreto taparse las fosas nasales. Disculpad el mal rato.

martes, 1 de enero de 2008

Año nuevo


Estoy viendo el concierto de Año Nuevo, desde la Sala Dorada de la Musikverein, en Viena. Laura y yo estuvimos allí hace unos meses y oímos piezas de Mozart. Es una manera alegre, refinada y elegante de empezar esta nueva andadura. Espiritual, incluso, porque el espíritu también puede ser alegre, refinado y elegante. Me atrevería a decir que incluso está hecho para eso. A ver si lo conseguimos durante este año.

¡Feliz 2008 a todos!