lunes, 23 de febrero de 2009

Benjamin Button


En plena resaca de los óscares, comentaré algo de la última peli que hemos visto, “El curioso caso de Benjamin Button”. Como ya casi todo el mundo sabe, se trata de ir viendo a lo largo de tres horas, cómo un viejo enano y decrépito se va transformando primero en Brad Pitt, y luego en uno de los hijos de la Infanta Cristina. La cosa primero es rara, luego graciosa (a la par que envidiable), y finalmente triste (y no lo digo por la familia real). Está bien contada, pese a la dificultad del tema, y excelentemente ambientada. Estaba nominada para trece óscares, y se ha tenido que conformar con los que premian los decorados, el maquillaje y los efectos especiales, que indiscutiblemente se merecía. A mí particularmente me ha parecido una mezcla de “Forrest Gump” con las películas de Jeunet (“Amelie”, “Largo domingo de noviazgo”).

Más en el fondo, quisiera centrarme en la trama romántica, de la que saco algunas conclusiones. Es la enésima película moderna en la que se expone la idea de que amor y matrimonio no van unidos. Las parejas que se quieren no se casan, y el único matrimonio que aparece es de conveniencia. Es lamentable esta educación sentimental –en la que el cine sigue siendo un instrumento formidable, aunque pierde fuerza frente a la televisión– que no cree que los lazos de amor en una pareja puedan convertirse en vínculos duraderos, y considere que su materia es la frágil mezcla de deseos, añoranzas e instintos. Solo estos cuentan a la hora de la ruptura e incluso en el abandono de la familia, por lo que no debe sorprender el panorama de crisis familiar al que asistimos. No habremos tocado fondo cuando se insiste con firme ligereza en los mismos planteamientos.

sábado, 21 de febrero de 2009

Refugios


A veces uno, viendo la tele, no sabe en qué país o mundo vive (o no quiere saberlo). Se siente viejo de indignación, de aburrimiento y de incomprensión, y la sensación de estar al margen (o de querer estarlo) se afila. Si no existieran refugios para estos casos, acabaría por pensar que le ha llegado la hora.

Hablo de refugios no para evadirse, para huir de lo que no nos gusta, sino para recuperar el sentido, para reencontrarse con la bondad y la belleza, para dejar de tropezarse con la nada y el vacío, tan huecos. Anoche estuvimos en uno de esos refugios, en este caso la película de Carol Reed «El tormento y el éxtasis», donde Charlton Heston y Rex Harrison interpretan la relación que mantuvieron –más o menos– Miguel Ángel Buonarroti y el Papa Julio II con motivo de la creación de los frescos de la Capilla Sixtina. La película tiene una larga introducción, puramente documental, que es ya un regodeo en la belleza. Luego vendrá arte sobre arte, con el trabajo de dos monstruos del cine que encarnan a esos otros genios de otra época. Todo merece la pena: la recreación de un mundo donde la vulgaridad avergonzaba y en el que la excelencia era el mínimo esperado; la presentación del esfuerzo por mejorar, del sacrificio por mantener los principios, de la fe en Dios-Amor; y la vivencia de un amor que no es ganancia inmediata –como hoy se busca– sino renuncia que llena.

Hay otros muchos refugios en el cine, o en la literatura, y espero ir hablando de ellos. No están muy lejos y permiten respirar, sentir y pensar de verdad, al tiempo que creer que no está todo perdido. Aunque la basura circundante, con su hedor insoportable, a veces nos desaliente.

lunes, 16 de febrero de 2009

Compasión que mata


La muerte de Eluana Englaro ha vuelto a plantear una cuestión que no debería dejar indiferente a nadie: la de la eutanasia. Porque eutanasia ha sido, de la que se llama pasiva, que no consiste en administrar un veneno o un tiro de gracia, sino en algo tan humanitario como dejar morir de hambre y sed.

Matar a alguien por supuesta compasión puede considerarse un crimen, un homicidio con ramalazos de asesinato. Si no se habla así de claro, se justificará esta muerte y otras muchas que vengan después. Habría que aclarar también que la idea de compasión que se utiliza como coartada para estos crímenes no tiene mucho que ver con el significado propio de este concepto, “padecer con alguien”, acompañar a alguien en su padecimiento, solidarizarse con él y compartirlo, repartir en cierta forma el dolor o ayudarle a llevar la cruz que arrastra.

Sin embargo, esta compasión eutanásica es la de quien se ha cansado de padecer con quien sufre, que ha dejado de sentirlo como un alguien y sólo se ve a sí mismo como ser doliente. Es compasión de uno mismo que se ve posible cortar por la vía de eliminar la razón del sufrimiento, que no es la enfermedad sino la persona a la que acompañábamos. Como si el cirineo, harto del peso de la cruz, decidiera anticipar la muerte del condenado y así tener una razón para abandonar su carga. Lo más triste es que el prójimo, aquel de quien se podría esperar el sacrificio, se convierte inesperadamente en el verdugo con abuso de confianza.

Sé que soy crudo, pero ante la proliferación de compasiones homicidas que se avecina con la aceptación sentimental de estos casos, prefiero cubrirme las espaldas y gritar fuerte que nos matan, antes de que mis mejores amigos tengan siquiera la idea de liquidarme.

viernes, 13 de febrero de 2009

Renacer


He vuelto!
Un error atribuible a mi sola culpa ha mantenido mi blog fuera de este mundo por un tiempo. Pero cuando menos lo esperaba, ha vuelto, y lo llamaremos "renacer".
En el interludio he acometido otras aventuras blogueras. Pero Tiritando ha regresado y lo celebro cambiando mi foto. Ahora soy yo de verdad.
Gracias, Angel, por haberme ayudado en el peor trance que ha conocido este blog (y perdona, mi teclado se ha peleado con las tildes).

sábado, 31 de enero de 2009

Vicky Cristina Barcelona


La última película de Woody Allen –que yo conozca– ha ganado el Globo de Oro a la mejor comedia del año. Sin embargo, no tiene gracia. No hay gags, pero tampoco una situación divertida, un enredo que estimule la sonrisa, ni siquiera un desarrollo que culmine en un final desopilante. Es una historia de líos sexuales en Barcelona de dos turistas americanas con un pintor y la ex-mujer de este.

Se da una apariencia de libertad “amorosa” conforme se va rizando el rizo, y el único personaje con cordura, el prometido y luego marido de Vicky, parece un tontaina con sus prejuicios respecto de los dúos y tríos que se monta Cristina, no tiene palabras para defender el verdadero amor y el matrimonio, y parece que haya que interpretar que estas posiciones tradicionales deben rendirse ante el “todo vale”.

La película me ha parecido una porquería, en el fondo y en la forma. La voz en off, suavona y persistente, es impropia de un gran cineasta, y no consigue el efecto deseado, salvo que fuera la náusea. En bastantes tramos, la película es un reportaje con fines turísticos de la Ciudad Condal y de Oviedo, pero también del tópico español, con la guitarra española apareciendo de forma reiterada para repetir los mismos y archisabidos sones.

El reparto está bien, sobre todo Rebecca Hall y Penélope Cruz, nominada por hacer de española desquiciada y lenguaraz (antes lo estuvo por hacer de española al borde de un ataque de nervios), aunque tampoco me parece una interpretación sublime. Inane me parece Bardem, aunque no desentona, y Scarlett hace el mismo papel de siempre, el de rubia exuberante sujeta al vaivén de los acontecimientos, con escasísima personalidad.

En fin, nada recomendable bodrio, salvo para fanáticos de Woody Allen o fanáticos de Cataluña, que tampoco sé si van a quedar satisfechos, aunque puede que guste a extranjeros enamorados del typical spanish.

miércoles, 21 de enero de 2009

O-ba-ma


Así se repite, como un mantra, el nombre del nuevo presidente de los USA. Es negro, y eso es histórico. Tiene un magnetismo y atractivo que sólo se recordaban en JFK. Viene a sustituir al vilipendiado George W. Bush. Pero todo eso no basta para pensar que ha llegado el mesías, el salvador.

No sé si es lo que piensan en su país –no son tan estúpidos como solemos creer–, pero sí que es la buena nueva que difunden la mayoría de los medios de comunicación españoles. Cobertura inusitada, minuto a minuto, gesto a gesto, palabra a palabra. Alabanzas sin cuento. Esperanzas chorreantes. Ni un solo nubarrón, ni un atisbo de duda. Obama reinventará la historia. Eso dicen nuestros medios.

¿Y qué es lo que de verdad sabemos de Obama? Pues no mucho, dado que carece casi por completo de experiencia política en cargos de responsabilidad. De modo que es difícil prever su rumbo, porque ya se sabe que una cosa son las promesas electorales, y otra lo que las circunstancias –o las verdaderas intenciones– llevan a realizar. No obstante, aquí Zapatero se cree que Obama es el Zp negro, o que él mismo es el Obama europeo. Y dice que es socialdemócrata puro un tipo que ha jurado su cargo sobre una Biblia y ha citado las Escrituras en su discurso, aparte de nombrar a Dios unas pocas veces ante varios pastores eclesiásticos invitados. Sin contar con que ahora asiste a un oficio religioso para inaugurar su mandato. Lo mismito que Zp.

No nos engañemos. Obama es un hombre ilusionado e ilusionante, sin duda capaz y con carisma, que tiene la oportunidad de unificar voluntades –están dispuestas a ello– para plantar cara a los graves problemas que tiene su país y el mundo. Pero hay que contar también con que es humano, sí, y además el camino que se dispone a iniciar está sembrado de enormes dificultades: crisis económica, terrorismo, decadencia europea, por citar las más evidentes.

En fin, mucha suerte para Obama, rezaremos por él. Y que los demás se caigan del guindo cuanto antes y se pongan manos a la obra, que esto no se va a arreglar solo.

martes, 20 de enero de 2009

Las películas de 2008


Más vale tarde que más tarde. Así que traigo hoy a colación el tema prometido hace tiempo, la lista de pelis mejores o preferidas de cada cual, de las que pudimos ver en el cine en 2008. Mi lista es clara, teniendo en cuenta que esto es un blog de aficionados y que no pude verlo todo. Ahí va:

1- El caballero oscuro
2- Wall-E
3- No es país para viejos
4- El tren de las 3.10
5- Iron-Man

No está Appaloosa, pese a sus buenas críticas, y tampoco Australia, pese a que les encantara a mis hermanas. Es cierto que no he visto El intercambio, tan alabada. Y tampoco Vicky Cristina Barcelona, aunque estoy seguro de que jamás entraría en mi lista.

Ahora os toca a vosotros dar vuestras listas. También se admiten tontas.

viernes, 9 de enero de 2009

Feliz año 2009, con retraso







Pasaron los atracones de mantecados y turrones –aunque algunos tenemos la despensa llena–, pasaron las uvas, pasó la lotería y su felicidad de espejismos, pasaron los juguetes, pasaron las felicitaciones vacuas y las verdaderas. No pasó el amor, porque no pasa nunca, vino para quedarse.

Este año no hay buenos propósitos, hay más incertidumbre que otros, más frío, más conciencia de nuestros límites humanos, más desconcierto generalizado, porque el hombre comienza a perder su fe
ciega en la ciencia, la tecnología y el bienestar eternos, sin haber recuperado todavía la fe en lo que permanece. Crisis se llama a esto. Todavía sobrevuelan las supersticiones, las creencias inmanentes y absurdas, u oníricas y no menos absurdas, en el dinero, la fortuna y el destino. Creo que lo mejor es recordar lo que ha dicho Benedicto XVI de cara al nuevo año: “No se trata, de hecho, de confiar en una suerte más favorable, o en los modernos entresijos del mercado y de las finanzas, sino de esforzarse en ser nosotros mismos un poco más buenos y responsables, para poder contar con la benevolencia del Señor”. Y añade: “Esto siempre es posible”. Con la ayuda de Dios, claro.

Así que, para el 2009 que recorremos, intentemos ser mejores, volver los ojos –y después la vida–, a lo esencial, a lo único que puede ser cimiento sólido para la felicidad: la confianza en Dios, en su amor y en su misericordia, con inocencia e ignorancia de niños respecto de un Padre bueno, niños que no saben cómo, pero saben que sí.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Belén


Este es uno de los dos belenes que hay en nuestra casa (si no contamos el que está dentro de una calabaza), y es mérito todo de Laura. Es sencillo, pequeño, y está en un rincón, como ocurrió en la vida real. Sólo que aquí no puede pasar desapercibido, porque nada más entrar en la casa se descubre, recibe a los dueños o al visitante. Interpela, espero, llamando la atención con una pequeña luz. Exige pararse, acercarse, para ver el detalle, para apreciar y comprender, para sacar conclusiones. A la vista del misterio, ya nada debiera ser igual. Ya no deberíamos ser iguales. Hay un antes y un después, como nos dice la cronología. Pero también algunas biografías se transforman después de Cristo, una vez que ha dejado huella en nuestra vida. Esa impresión penetrante ya no desaparece por muchos años, distanciamientos o desgracias que jalonen la vida. Está ahí, tal vez arrinconado, pero con un rescoldo de calor y luz que todavía puede devolvernos la esperanza. Feliz Navidad, porque la felicidad es posible gracias a este nacimiento, al que se lo debemos todo.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

De rollos y bombos


El Ministerio de Sanidad (?) español ha puesto otra campaña para el uso del preservativo, que a ritmo de hip-hop, y en un lenguaje (?) adolescente trata de convencer a los jóvenes para que no tengan relaciones sexuales sin protección (?): "Yo no corono rollos con bombo", es una de las estrofas de la coplilla.
Las conclusiones que extraigo de esta noticia son que la juventud es considerada como un rebaño animal y analfabeto, que debe emplear la única neurona que le queda para ponerse un condón. Es falso que las campañas que promueven el uso del preservativo no induzcan a mantener relaciones -las propias estadísticas crecientes (o menguantes, según se mire) lo demuestran-, y también es falso que el número de embarazos no deseados (y abortos) aumente por no usar el condón, porque éste no es infalible.
Por lo tanto, pretender que esta campaña va a prevenir el número de abortos no es una ilusión -no me creo que alguien pueda ser tan tonto-, sino sencillamente una mentira. Es lamentable que por razones ideológicas se tropiece reiteradamente -y cada vez con más fondos públicos- en la misma piedra y sólo se consiga ir a peor. Si hubiera verdadera responsabilidad se admitirían otras soluciones que empiezan mucho antes de que los dos jóvenes se hayan metido en la cama. Para entonces no queda mucho que prevenir.

martes, 2 de diciembre de 2008

Actualización


Ante todo, mis disculpas. Me voy desligando poco a poco de mi blog y no tengo excusas, salvo que valgan todas las demás cosas a las que dedico mi tiempo. Voy a intentar enmendarlo.

Me he adherido a derechoavivir.org. Ya sabéis, defensa de la vida frente al aborto. Todo lo que se diga es poco en esta cuestión, y la prueba es que el número de crímenes crece y crece, y la aceptación social parece no cambiar, lacra que ya denunció Julián Marías como la peor del siglo XX (y lo que llevamos de XXI). No hay que perder una sola ocasión para defender la vida, no hay que callar ni una sola vez frente a quienes promueven, aceptan o se desentienden ante el aborto. El silencio es un cómplice culpable en este caso.

En otro orden de cosas, hemos terminado de ver la miniserie “John Adams”, donde se cuenta la vida del segundo presidente de los USA. Pero no hay milagros, porque era un hombre feo y engreído, tuvo problemas familiares y pocos amigos. Sin embargo era honrado, inteligente y patriota. La historia es realista hasta en las caries de los protagonistas. Y es humana, muy humana para los personajes que retrata, lo que da una idea de la madurez de ese país que tantos odian y los demás desprecian, pero que sin embargo es capaz de poner sus vergüenzas sobre la mesa al lado de sus méritos, y aun así sentir orgullo de sí mismo.

Vimos también el otro día “Appaloosa”, la última película que ha rodado Ed Harris, y que protagoniza junto a Viggo Mortensen, y una más detestable que nunca Reneé Zellweger, o como se escriba. Se ha dicho que es un western clásico, y lo es en la austeridad y sobre todo en la sensación de que se ha visto algo con chicha aunque la primera sensación no sea arrebatadora; las grandes películas dejan un poso que el tiempo de encarga de asentar, mientras las mayoría de las modernas pueden ponernos de los nervios en la butaca, pero en cuanto se sale del cine se han olvidado. Veremos. Llama la atención la rapidez con que se desarrollan los tiroteos, sin tomas repetidas ni ralentizadas, ni grandes acrobacias. Uno o dos tiritos y punto, porque, como dice Virgil Cole, “todos sabíamos disparar”. Lo que no me gustó nada fue la música, y creo que mi apreciación hubiera mejorado bastante con otra partitura.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Variaciones


El mundo está loco, y la verdad es una puñetera dificultad.
El mundo está loco, y la verdad brilla por su impertinencia.
El mundo está loco, y la impertinencia a veces es coherencia.
El mundo está loco, y el acusado suele ser el más coherente.
El mundo está loco, y los romanos también estaban locos (Obélix dixit).
El mundo es romano, y por eso estamos locos.
El mundo es romano, como fue griego y cristiano.
El mundo está lleno de ideas cristianas que se han vuelto locas (Chesterton).
Las ideas del mundo se han vuelto locas porque han olvidado que eran cristianas.
La verdad es que es una dificultad ser un puñetero cristiano en este mundo loco.
Un cristiano es un puñetero coherente con la impertinencia de no haberse vuelto loco.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Presidente negro


Por mucho que haya tratado de disimularlo –rapándose los rizos al máximo, y su mujer e hijos alisándose el pelo, no sé si como Denzel Washington al principio de “Malcolm X”-, Barak Obama, el nuevo presidente de USA, es negro, y esto ha sido un factor importante, tanto para muchos de los que le han votado, como para otros que no lo han hecho.

Hemos conocido inquilinos negros de la Casa Blanca en la ficción: los presidentes que aparecen en la serie “24”, extraordinarios, e incluso Morgan Freeman en “Deep impact”, y no sé si algún otro. La imagen ya no era nueva, aunque sigo creyendo que Sidney Poitier es el gran pionero de la buena imagen de los negros, con sus grandes caracterizaciones para el cine de personajes íntegros, buenos y elegantes.

Al margen de esto, ¿qué nos depara la llegada de Obama a la presidencia? Cambio parece la palabra crucial, aunque creo que no significa mucho, quizá mero cambio por el cambio, lo que no me gusta. Obama está a favor del aborto, y eso solo ya es negativo para mí. Pero no va a ser un presidente zp, eso que se lo quiten los progres españoles de la cabeza, porque mandará actuar al ejército cuándo y dónde lo estime necesario. Ya lo hizo Clinton, pero claro, ambos son demócratas, que es algo que los progres identifican erróneamente con el socialismo y les permite justificar todo lo que en los repúblicanos les produce arcadas.

Volviendo al principio. Obama es un presidente negro, y eso es casi lo único que me gusta de él. No me gusta su postura respecto del derecho a la vida, ni respecto de los matrigays, ni sus vínculos con el Islam. El que sea joven puede ser bueno o malo, eso no se puede anticipar. Pero el que sea negro me alegra. La vida real empieza a parecerse a las películas. Espero que, aunque nos esperen sustos, al final acabe triunfando el bien, como en las grandes americanadas de la pantalla.

Y con esto concluyo una entrada políticamente incorrecta, desconcertante y desconcertada.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Películas







Lo sé, lo sé, mi blog es un asco, lo tengo abandonadito. Y no es que no haga o me pasen cosas, tal vez es que son demasiadas.

En cuanto al cine, debilidad conocida de este bloguista, he visto bastantes pelis, y voy a comentar algunas que considero recomendables:

-La gran prueba (William Wyler, 1956): es la historia de una familia de cuáqueros durante la Guerra de Secesión americana. El reparto, encabezado por Gary Cooper y Anthony Perkins, está genial, el guión es estupendo, y además está llena de optimismo y enseñanzas valiosas. Es una de esas películas que, por mucho que se vean, no cansan.

-Iron man (Jon Favreau, 2008): otra prueba de que el cómic de superhéroes es un filón inagotable. Esta vez le toca el turno al «hombre de hierro», encarnado (debajo) por Robert Downey Jr. No se parece a otras pelis de lo mismo, contando con que hay acción y humor. Es buena, y el final, en su simplicidad, uno de los mejores que he visto últimamente (y eso que el cine moderno cojea precisamente de ahí).

-El cazador (Michael Cimino, 1978): otro clásico, relativamente reciente. Una película de grandes actores y con un director inspirado para hablar de la guerra de Vietnam y los hombres que destrozó. Es dura, pero cuenta con la ventaja de que, a diferencia de otras películas similares, el protagonista principal (Robert de Niro) tiene la simpatía del espectador, lo que hace más fácil la contemplación de esta película formidable.

Aparte de esto (y otras muchas más que no menciono por no alargarme), seguimos con la segunda temporada de El ala oeste, una serie con protagonistas y guiones cultos e inteligentes que da gusto ver, a diferencia de la bazofia que habitualmente se emite por la tele. Para que no se me acuse de rancietud, también estoy viendo la reciente John Adams, premiada miniserie que cuenta la fundación de los Estados Unidos. Envidia me dan, sinceramente.


martes, 14 de octubre de 2008

Lo que perdura


He perdido la cuenta de las cosas que he hecho hoy: leer prensa, leer libros, llevar el coche a revisión, pasarme por la universidad, hacer la compra (dos veces), ver las noticias, ver una serie, reciclar basura, contestar el correo, faenas domésticas, llamar por teléfono… y preparar una lista de las cosas que haré mañana desde muy temprano.

Entre la realidad virtual y la realidad volátil, entre tantos trajines, idas y venidas, me pregunto qué es lo que queda. Antaño se hacían menos cosas, se leía menos (aunque mejor), se tenía menos información y menos compromisos. Pero lo poco que se hacía llenaba una vida, se llevaba a cabo con cuidado, tesón y… perduraba. Me pregunto cuántas de las cosas que he hecho hoy dejarán huella. Quizá debería prescindir de la mitad, o de tres cuartas partes, y hacer el resto más despacio. Abarcar menos, pero apretar fuerte. Mejor hacer una catedral que un millón de cajas de cerillas.

Y este blog está incluido, lo que no sé es dónde.

lunes, 6 de octubre de 2008

Tierras de penumbra


C. S. Lewis, conocido como autor de Cartas del diablo a su sobrino o Las crónicas de Narnia, entre otras obras, era además un reputado profesor de Oxford cuando, ya maduro, conoció y se enamoró de una escritora americana, Helen Joy Gressan. Su breve matrimonio fue truncado por la muerte de ella, lo que sumió a Lewis en una profunda aflicción de la que sólo la fe, ayudada por la razón, le pudo sacar. La historia fue llevada bellamente al cine por Richard Attenborough en Tierras de penumbra, con Anthony Hopkins y Debra Winger como protagonistas.

La película es valiosa, hondamente humana y sencilla, a pesar –o precisamente por ello– de que sus protagonistas son personas intelectualmente insignes y el ambiente en que se mueven el de la más alta cultura. Es una película que habla de la fe, del amor y del dolor, e indaga en sus mutuos vínculos.

Pero mejor que en la película estos vínculos se descubren en el librito que Lewis escribió en su esfuerzo por enfrentarse al desgarro que le produjo la muerte de su esposa, titulado Una pena en observación. En esta obra Lewis reflexiona desde la posición de un creyente que piensa, como suele ocurrir, que Dios le manda cosas para ponerlo a prueba: «Claro que lo de “enviadas para probarnos” conviene entenderlo a derechas. Dios no ha estado ensayando un experimento sobre mi fe o mi amor con vistas a poner en claro su calidad. Esa calidad ya la conocía. En este juicio Dios nos obliga a ocupar al mismo tiempo el banquillo de los acusados, el escaño de los testigos y el tribunal. Él siempre supo que mi templo era un castillo de naipes. Su única manera de metérmelo en la cabeza era desbaratarlo».

Lewis descubrió, en la conmoción que le produjo la muerte de su mujer, que estamos hechos de frágil barro, y que ni nuestras firmes convicciones ni nuestros apasionados amores son nada al lado de la magnanimidad y misericordia de Dios. Débiles criaturas, debemos volver al Creador para que la vida no se nos venga abajo en un trance doloroso. Lo inteligente, pensaba Lewis, es descubrir en el dolor razones, que generalmente obviamos, para alimentar nuestra fe.

En cuanto al matrimonio, esta misma reflexión contribuía a iluminar sus sombras: «Escribía la otra noche que la aflicción no es el truncamiento del amor conyugal sino una de sus fases regulares, como lo es la luna de miel. De lo que se trata es de vivir el matrimonio cabal y fielmente también a través de esta fase. Si duele –y claro que duele– hay que aceptar tal dolor como un elemento inherente a esta fase. No pretender esquivarlo a costa de la deserción o el divorcio, de matar al muerto por segunda vez».

El hombre verdaderamente listo, como era Lewis, es capaz de religar inteligencia y amor, amor y fe. Eso no le librará del dolor, pero su vida será más plena, y tendrá sentido.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Lecturas


Escribió Jean Guitton: «Si los ateos estuviesen tan seguros de tener razón, no serían agresivos». Es una pena que tantos que se dicen ateos sólo busquen una respuesta fácil para no ir más allá, para no llegar hasta la verdad. Si la verdad fuera una meta, no habría ateos. Edith Stein contaba, de su vida antes de la conversión: «Mi única oración era la búsqueda de la verdad»; después pudo decir: «Quien busca la verdad, consciente o inconscientemente busca a Dios».

La pregunta sobre Dios no es una cuestión de mera fe. Juan Pablo II, al comienzo de su encíclica Fides et ratio lo deja bien claro: «La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad». Y añadía: «Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la plena verdad de sí mismo». ¿Puede haber tantas respuestas en tan pocas palabras?

Pero estas son las respuestas que algunos se niegan a buscar, por un tozudo orgullo, o por pensar que se trata de algo secundario, y no puede haber un planteamiento más ingenuo. Ya lo dice Robert Spaemann: «Si Dios existe, entonces eso es lo más importante». Si Dios existe, todo cambia, todo cobra sentido (sin él, como dijo Dostoievsky, nada tiene sentido). Por eso es lo primero que hay que averiguar.

Hasta tal punto se cree en nuestra época que Dios no es necesario, que es una cuestión que se puede postergar, que incluso entre cristianos se da pábulo a los argumentos de ateos y descreídos, sólo por su superficial atractivo. Lo advertía el todavía Cardenal Ratzinger: «Su pensamiento parece más interesante, pero a costa de la verdad».

Si la verdad no es luz y guía, si Dios no es lo primero, si el complacer a los demás o las recompensas terrenas sustituyen a lo esencial, la propia Iglesia puede desnortarse. Según Nicolás Gómez Dávila: «A una Iglesia que no vuelve la espalda al mundo, éste le acaba dando la espalda». La Iglesia está para dirigir el rumbo a la Verdad, y entonces el mundo se volverá a ella, y volverá a Dios.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Prohibir el aborto


Todos lo esperábamos con ansia. Esta joven ministra, sensible y moderna, educada en un colegio de monjas, iba a dar el paso valiente que hacía falta: promover una ley que prohibiera el aborto. Se había dado cuenta de que el grito de los no nacidos y su sangre derramada en matanzas siniestras constituían una situación insostenible. No se podía permitir que unas madres, por angustiadas que estuviesen, llevaran a su hijo más indefenso al carnicero para que lo hiciese trizas; ya se buscarían otras formas, costase lo que costase, para paliar esa angustia, pero no a costa de la sangre de otros. Por fin una mujer progresista iba a decir sí a la vida, sí a la persona, sí al derecho a nacer y a probar el aroma del aire. Habían muerto muchos mientras tanto, nos habíamos embrutecido hasta extremos inimaginables, se estaba poniendo en peligro la supervivencia de nuestra sociedad. Pero con ella la pesadilla terminaba, se nos devolvía la esperanza.



O eso quisiera haber escrito.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Películas del verano


Coinciden los críticos en que éste ha sido un verano de cine inusualmente bueno, con películas que pueden competir por los óscars con merecimiento, y que además tienen una calidad contrastada. Yo he visto tres, y voy a comentar brevemente cada una:

Hancock: peli de superhéroe, y peli de Will Smith. Ambos detalles me atrajeron al cine. Es una pena que la publicidad previa quite la sorpresa de algunas escenas estupendas, y hay que reconocer que lo mejor de la película es el planteamiento, original y divertido. Luego la historia sale por donde uno menos se lo espera, y parece otra película. Pero así y todo está bien, los actores son buenos y los efectos especiales contundentes.

El caballero oscuro: la segunda parte no defraudó después de la grata sorpresa de la primera (no cuento anteriores “batmanes” porque esta es una senda diferente, la de Christopher Nolan). Y no sólo no defraudó, sino que alcanzó cotas muy altas de profundidad –valga la paradoja- en todos los aspectos, dejando la sensación de haber visto un peliculón –cuando fui el día del estreno, hubo aplausos, y eso no es corriente-. Toda la propaganda ha girado en torno al personaje de Joker, interpretado por el fenecido Ledger, y que resulta inquietante por su nihilismo absoluto –no sé si acierto con el término o si suelto un pegote-, aunque hay otros personajes estupendos, muy bien interpretados, y una historia de clímax continuo o sucesivo que te deja sin resuello, y un final bueno, o varios finales buenos, en el mejor sentido de la palabra.

Wall-E: a la historia de este robotillo la han calificado casi todos como obra maestra. La distancia y el tiempo nos lo dirán. Pero desde luego es emocionante, técnicamente perfecta, divertida y triste, dura y tierna, elegante y sucia, fría y calidísima, grandiosa e íntima,humana y artificial. Todo cabe, y todo está perfectamente encajado. Es tan buena que no se atreve uno a decirlo con la boca llena, para no romper el encanto.

Espero que el otoño no desmerezca.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Hablar de resurrección


Un conocido periodista elogia a un famoso actor que acaba de superar un cáncer, y de paso anima a otros enfermos “a no perder la mayor esperanza: la esperanza de la curación”. Claro que un enfermo desea curarse, pero, ¿es esa la mayor esperanza del hombre que sufre? Curarse está muy bien y es deseable, pero como mucho significa volver a una vida que al cabo de pocos años terminará, posiblemente entre nuevos achaques.

Antaño la gente ponía su gente ponía su esperanza en una nueva vida, en una vida gloriosa y para siempre, en la eternidad mediante la resurrección. Pero ahora se habla antes de reencarnación –con sus adornos estrambóticos- que de resurrección. Y las consecuencias se notan. Ya decía Julián Marías que no es lo mismo vivir creyendo que existe otra vida después de ésta, que pensando que el final está en la sepultura. La esperanza de un Cielo hace que no se acumulen tesoros en la tierra, que se relativice lo material, que no haya tantas angustias por tener tiempo para lograr los resultados y las satisfacciones de lo inmanente.

Por desgracia, ni siquiera los cristianos son hoy muy dados a hablar de resurrección, pese a que San Pablo decía que, sin la resurrección, su fe sería un dislate. ¿Estaremos haciendo el ridículo?