domingo, 17 de febrero de 2008

Juno


Esta película gira alrededor de una chica de 16 años (interpretada por Ellen Page, que en la vida real cumple 21 esta semana) que se queda embarazada. Lo que podría plantearse como un drama con rápido desenlace, de lo más habitual en nuestros días, se alarga… nueve meses, con un optimismo y unas ganas de vivir que no se cierran en ningún momento.

No es una comedia del estilo de Little Miss Sunshine, como algunos la han querido vender para aprovechar el tirón de aquella por el hecho de que también es cine «indie». Pero no deja de ser divertida, mejor, simpática, pero no chistosa, y muy inteligente. Los actores han sido elegidos con acierto, y en el caso del noviete, además bien disfrazados. Ellen Page, la protagonista, que ya sorprendió haciendo del lobo disfrazado de caperucita en Hard Candy, está formidable, y, como se suele decir, la cámara está enamorada de ella. Desde mi punto de vista tiene un algo de Janeane Garofalo puesta a dieta, unos ojos muy expresivos y una sonrisa curativa.

La película no es moralizante, es más, se ríe un poco de esa actitud. Simplemente muestra lo que debería ser lógico, la asunción de responsabilidad de quien se va a convertir en madre, aunque no lo haya previsto ni deseado, ni tenga aparentemente madurez ni medios para hacer frente a ello. Curiosamente, aquí son más inmaduros algunos adultos que no se ven como padres, aunque estén casados, por la sencilla razón de que no han madurado su deseo. Pero el error actual es creer que un hijo debe ser el resultado de una búsqueda consciente y premeditada, cuando es un don que, venga como venga, se debe recibir con generosidad y responsabilidad.

Me he quedado con una frase del final de la película, cuando ella le confiesa al novio su admiración por él, porque es bueno sin esforzarse, y él responde que le cuesta cantidad. Ahora soy yo el que está a punto de ponerse moralizante.

sábado, 16 de febrero de 2008

Improvisación


Es sábado por la mañana, vamos a comer en el campo, los pájaros mezclan su canto estridente con el tráfago automovilístico, el cielo está despejado, la vida continúa deparando sorpresas, el destino es un cuento chino, Dios existe y nos perdona todas nuestras culpas, expío mis pecados amando más, creo que la tele no reventará hoy, opino que los programas del corazón no morirán de golpe y para siempre, considero que la ideología de género es una plaga para la Humanidad, mi pronóstico para las próximas elecciones es incierto y terrible, Zapatero dijo que hoy empezaría a dramatizar, cada momento es una oportunidad para ser mejores, España fue grande pero ya hablaremos de eso, los próximos estrenos no me pillan desprevenido, deseo que Daniel Day Lewis gane otro óscar como que triunfe mi equipo, me gustaría que mis alumnos recordaran con agrado algo más que su aprobado, leo que el mundo está loco, loco, loco.
Necesitamos ayuda para seguir subiendo.

jueves, 14 de febrero de 2008

Corto y pego

No es que no tenga nada que decir, es que otros lo hacen mejor que yo (vaya también a modo de homenaje para gente íntegra y valiente).

Sobre la ocurrencia del Gobierno respecto de las tallas femeninas, escribe Juan Manuel de Prada en ABC: «El bueno de Bernat, según me acaba de descubrir Ruiz Quintano, ha definido a sus hijas adolescentes como “tormentas de hormonas”, que desde luego es un modo muy científico de expresar el amor paternal; y cuando en una hija ves una “tormenta de hormonas” no parece extraño que en una mujer anónima que pasa por la calle veas un mero cilindro. De todos modos, es una suerte que el bueno de Bernat haya encauzado sus ímpetus taxonómicos por el ramo textil; si esta manía de clasificar a las mujeres en diábolos, cilindros y campanas lo hubiese pillado cuando estaba destripando embriones en Valencia podría haberse convertido en un peligrosísimo perfeccionador de la raza. Parece que estoy viendo al bueno de Bernat en su laboratorio valenciano, seleccionando embriones como quien escoge lentejas: “Éste para el congelador, que es una campana; ése para la probeta, que es un diábolo; y aquél para la trituradora, que es un cilindro birrioso”».

Sobre los exabruptos y campañas de algunos actores y cantantes a favor del partido gobernante, escribe Ignacio Sánchez Cámara en La Gaceta de los Negocios: «sorprende algo que se presente el apoyo, confundiendo interesadamente la parte con el todo, como si procediera, ahí es nada, de todos los artistas y creadores, así sin más. Porque, si no me equivoco, han sido muchísimos más los artistas que no han apoyado al presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero que los que sí lo han hecho. Entonces, la noticia podría haberse vertido así: Cientos de miles de artistas (el término cotiza a la baja y alberga ya a casi todo el mundo) no han prestado su apoyo al presidente del Gobierno. Por lo demás, no veo entre los cejijuntos a ningún pensador, ni premio Nobel, ni científico eminente, ni profesor prestigioso, ni veo a gran poeta».

Y para terminar, un extracto de la entrevista que Carlos Herrera le ha hecho a Zapatero en Onda Cero:
P: ¿La culpa de que quisieran agredir el otro día a María San Gil, la tiene ella o los independentistas que le desearon la muerte?
R: La tienen los energúmenos que fueron allí a reventar un acto de una manera absolutamente inaceptable en democracia. Lo que me parece mal es que haya habido dirigentes del PP que hayan insinuado que eso podía ser como consecuencia de mi política. Eso es lo que es intolerable en democracia. Es tan intolerable como las agresiones a María San Gil. Porque le puedo decir que yo y muchos dirigentes del PSOE tenemos gentes que nos insulta, radicales energúmenos, lo último que se me ha pasado a mí por la cabeza es decir que eso directa o indirectamente puede ser responsabilidad de los responsables del PP. Eso entre demócratas no cabe.
P: Algo parecido sostuvo el presidente de las Juventudes Socialistas, que culpaba al pensamiento de la señora San Gil...
R: No tengo ninguna referencia a esa declaración.
P: Yo sí, si quiere se la pongo.

martes, 12 de febrero de 2008

No es país para viejos



Los hermanos Coen tienen dos tipos de películas, por un lado las sórdidas y violentas, y por otro las divertidas y alocadas. Ambas pueden ser, a la vez, gamberras, entendiendo por gamberrismo un cierto regodeo en la exageración, tanto de lo gracioso como de lo truculento, según toque.

Su última película es No country for old men, más conocida por los triunfos que Javier Bardem está cosechando por su trabajo en ella. No puedo dejar de decir algunas cosas sobre este tío. Ha demostrado que puede ser un excelente actor, y no lo digo sólo por los premios que ha recibido y recibirá: en la primera película suya que vi, cuando estaba empezando, ya me sorprendió su talento, muy por encima de los demás actores españoles modernos. Pero no siempre es buen actor, y en este blog hemos criticado algún otro trabajo; y desde luego es muy mal autodoblador, y su dicción deja mucho que desear (por suerte, esta vez le han doblado). Luego está su otra faceta, la de persona y ciudadano, que se puede resumir en gorila energúmeno.

Pero vayamos a la peli. La acción se desarrolla en 1980, aunque no te lo dicen directamente. Y me interesa señalar este dato, porque si las cosas ya estaban tan mal en aquellos tiempos por Texas, no sé qué pensarían ahora los protagonistas más ancianos de la película, que durante toda la historia no dejan de estar atrapados en el asombro de que el mundo que conocieron se ha torcido demasiado hacia el exceso y la locura. De ahí el título de la película.

Como es mi costumbre, no revelaré más para no molestar a quien no la haya visto todavía. Sólo comentaré que los actores están magníficos, con la grata sorpresa de un Josh Brolin que todos recordarán por Los Goonies, y algunos por Jóvenes jinetes; Bardem es un asesino nato y da mucho miedo, pero eso no nos sorprende. Además, para mi gusto, y dentro de la rama de películas sórdidas y violentas de los Coen, aunque no las he visto todas, ésta es la mejor, quizá porque han sustituido el gamberrismo por la melancolía. Y el humor es tan fino y contenido como el laconismo de los hombres de la frontera.

domingo, 10 de febrero de 2008

Julián Marías




La ausencia de días pasados se ha debido a mi participación en el Simposio Internacional Complutense sobre Julián Marías. Puedo decir mucho sobre él, a ver si me contengo.

Ante todo, que le admiro desde hace años, he leído bastantes de sus libros y creo que puedo considerarlo mi escritor preferido. No sólo esto, sino que me uno a lo que dijo Gregorio Salvador en Madrid, y es que ha sido uno de los mejores escritores en español del siglo XX. Además de esto, ha sido un pensador penetrante a la vez que claro, un iluminador de la vida y las ideas, un maestro del hombre y la moral, un agudo penetrador de la historia y un original cinéfilo, un hombre íntegro y honesto desde la niñez, comprometido con la libertad y la verdad, un sorprendente pozo de sabiduría, un académico ejemplar, un… Sabía que no podría contenerme. Porque una de las cosas que se han puesto de relieve en este Simposio es la cantidad de facetas de este español singular y extraordinario, un auténtico hombre poliédrico.

Pero está la otra cara, la de la injusticia y cicatería con su persona, costumbre tan española. Se le negó la docencia universitaria en España durante la época de Franco, aunque era reclamado en universidades de todo el mundo, especialmente americanas; se le suspendió ilegalmente la tesis doctoral; apenas ha recibido reconocimientos oficiales por sus méritos: ningún premio nacional de ensayo, que debió haber ganado varias veces, más que otros; nada de premio nacional de las letras; nada de premio Cervantes (aunque lo tocó con los dedos un par de veces)… Le dieron, eso sí, el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, aunque a sus seguidores nos supo a migajas.

Discípulo de Ortega y Gasset, quizá no tuvo la brillantez de su maestro, pero a cambio resulta mucho más accesible, y desde mi punto de vista mucho más cercano en su filosofía a la vida de cualquiera, porque contemplar y entender la vida humana fue su principal ocupación. La otra diferencia con Ortega fue su fe cristiana, discreta pero firme y profunda, lo que baña su pensamiento de una riqueza especial.

Para quien no se haya acercado todavía a su obra, recomiendo por ejemplo el primer tomo de sus memorias, Una vida presente, donde cuenta su juventud y los azares de la República y la Guerra Civil (los otros tomos quizá sean para gente con cierta inquietud intelectual y académica; ahora se han reeditado en un solo volumen por la editorial Páginas de Espuma). Un buen libro para introducirse en su pensamiento es Mapa del mundo personal, al que se puede aplicar la famosa sentencia de que «nada de lo humano le es ajeno», desde la muerte, Dios o el amor. Sobre la mujer, a la que tanto admiró, escribió La mujer y su sombra, o La mujer en el siglo XX. Su mirada esperanzada se vuelca en libros como Breve tratado de la ilusión, y su preocupación por el hombre en Persona. Reunió gran parte de sus artículos de cine en Visto y no visto… En fin, escribió mucho, sobre todo temas filosóficos, y sus libros no tienen desperdicio.

Es plenamente vigente, y a mí personalmente me ha ayudado en la vida. Os recomiendo que entréis en contacto con él, no os arrepentiréis.

lunes, 4 de febrero de 2008

Iglesia y democracia


En 1937, el Papa Pío XI, promulgó una encíclica sobre la situación de la Iglesia católica en el III Reich. El título, en alemán, ya lo decía todo: Mit brennender Sorge, algo así como Con honda preocupación. Extraigo una sola idea de su texto: «Fomentar el abandono de las normas eternas de una doctrina moral objetiva, para la formación de las conciencias y para el ennoblecimiento de la vida en todos sus planos y ordenamientos, es un atentado criminal contra el porvenir del pueblo, cuyos tristes frutos serán muy amargos para las generaciones futuras». Son duras palabras dirigidas a un gobierno que, no lo olvidemos, había sido elegido por las urnas y contaba con el mayoritario apoyo de su pueblo.

Acerquémonos ahora a España. Anoche, en la entrega de los desprestigiados premios de la Academia del Cine, el ganador del Goya al mejor actor, un tal Alberto Sanjuán, se permitió un ruego: que sea disuelta inmediatamente la Conferencia Episcopal. Esto me lleva a varias reflexiones. Una, que el cine español no da mucho de sí, y hay que traer asuntos de política o religión a sus galas para tener algo de qué hablar. Dos, que un ignorante puede recibir un premio en España. Tres, que la campaña anticlerical sigue adelante. Cuatro, que nuestra democracia sigue presentando unos síntomas de inmadurez alarmantes, por cuanto parece regresión del proceso iniciado hace ya más de treinta años.

Resulta que la Conferencia Episcopal ha publicado una Nota sobre las elecciones del 9 de marzo, en la que recuerda a los católicos los criterios morales básicos para emitir con responsabilidad su voto. Los anticlericales de este país, empezando por el Gobierno, han denunciado que los obispos atacan a unos partidos y piden el voto para otro, para el PP en concreto. Dando muestras evidentes de no haber leído la Nota, que por cierto es respetuosa y sensata, se han dicho desde entonces todo tipo de sandeces, como que la Iglesia pretende imponer su creencia a la sociedad, que quiere acallar al gobierno, o lo que dijo el actor ése anoche.

Resulta que la Iglesia no ha pedido el voto para ningún partido. Pero, ¿y si lo hubiese hecho? Desde el punto de vista democrático, tendría todo el derecho, como cualquier instancia ciudadana, de hacerlo, sin que ello violentara la Constitución, ni hiciese tambalear los pilares de la democracia. Miremos tan sólo el ejemplo de los Estados Unidos: allí pedir el voto es uno de los ejercicios democráticos más honrosos, y todos, desde religiosos a actores, se pringan a la hora de airear sus preferencias. Nadie se rasga las vestiduras por ello, ya que a fin de cuentas no es más que la manifestación pública de lo que luego se hará en secreto, y votar no es ningún crimen.

En España, sin embargo, la Iglesia no pide el voto para ningún partido, sólo recuerda la doctrina moral más básica, lo que ni siquiera es privativo suyo, sino derecho natural. Y toda clase de insidias y descalificaciones caen sobre ella, como si hubiese tramado un golpe de Estado. Incluso muchos católicos se distancian de los obispos, porque creen que no pueden abandonar la sacristía. Pues se equivocan, señores, los obispos tienen derecho a decir lo que han dicho, es más, tienen obligación de hacerlo. Y si no piden el voto para ningún partido, que no lo han hecho, es porque no hay ninguno que se acerque al listón moral que exige Cristo.

Ítem más: resulta curioso que los que no dudan en denunciar a la Iglesia por un supuesto silencio ante las barbaridades de Hitler –ya hemos visto que no fue tal–, se indignan y rasgan las vestiduras cuando advierte ante los desmanes de otro gobierno. Claro que no estamos hablando de un Ejecutivo nazi, pero eso tampoco significa ni mucho menos que sea bueno.

domingo, 3 de febrero de 2008

Tarde de domingo, tarde de cine

No sé lo que harán otros un domingo por la tarde. Pero nosotros hoy, después de comer opíparamente, hemos encendido el brasero, nos hemos provisto de licorcete y dulces, y hemos disfrutado de una sesión doble de cine, con la siempre segura ayuda de los clásicos.

Primero hemos visto “Barry Lyndon” (Stanley Kubrik, 1975), una película de época –de época dieciochesca-, en la que destaca la exquisita recreación que enmarca las aventuras de un hidalgo pobre y además irlandés: cómo pasa de la inocencia bisoña a la rudeza de un soldado curtido, hasta convertirse en consorte de un apellido rumboso, lo que le gana enemigos que preparan su caída. En esta película, quizá más que en ninguna otra, se pone de manifiesto el perfeccionismo de Kubrik. La fotografía parece reproducir cuadros en movimiento, la adaptación que la banda sonora hace de música clásica –Mozart, Bach, Schubert, entre otros- es perfecta, el vestuario lujosísimo, y los decorados de Inglaterra y Europa continental, evocadores y preciosos. Es una película que culturiza, porque traslada a otro tiempo, y constituye un placer para los sentidos. Eso sí, merece una pantalla amplia, para apreciar bien sus virtudes. Yo he tardado muchos años en poder verla en condiciones desde que supe de su existencia.

La segunda sesión se ha llenado con “Al servicio de las damas” (Gregory La Cava, 1936), una excelente muestra de screwball comedy, o comedia alocada, que si al principio choca por ser un tanto surrealista, luego resulta deliciosa, por la fina ironía del guión y la elegancia y la simpatía de los protagonistas, William Powell y Carole Lombard, al frente de un elenco de secundarios extravagantes y divertidos. Es una muestra de lo que el cine puede hacer, logrando una obra intemporal sin caer en el mal gusto o la truculencia. Hay mucho que aprender de aquellos directores, por algo se la llama época dorada del cine.

Y así concluyo una entrada en la que he empleado los adjetivos “exquisita”, “deliciosa” o “preciosos”. Hay que correr riesgos en esta vida.

viernes, 1 de febrero de 2008

Qué asco de tele


En el poco rato que llevo viendo (quién me manda) el telediario de la Primera, han criticado a los obispos por dar directrices a los católicos acerca de las elecciones, han defendido el aborto como un derecho y han acosado a un párroco por intervenir en el caso de un cofrade divorciado y arrejuntado.

Sé que hay católicos que no ven bien algunas posturas de la jerarquía eclesiástica española, que piensan que mea fuera de tiesto (con perdón) en demasiados casos y que debería hablar más de Cristo que de derechos humanos. Pero yo creo que Cristo también defendió ni más ni menos que la vida cuando se interpuso entre la adúltera y sus perseguidores; que Juan Bautista denunciaba la lujuria de Herodes; y que en muchas otras ocasiones se ha puesto de relieve que el cristiano debe mirar al cielo, pero sin olvidar que está en la tierra.

En fin, es un debate abierto, y es bueno profundizar siempre que se busque lo mejor, siempre que se aspire a servir a la verdad. Pero yo también lo veo todo más claro cuando compruebo que quienes más critican a los obispos, “en nombre de Cristo”, son quienes más se distinguen por apartarse del Magisterio de la Iglesia, por hacer cócteles político-religiosos, y por pensar más en la economía que en el alma.

Esto no quita que sienta asco ante los medios de comunicación de este gobierno de mentirosos. Y miedo ante el asentimiento ovino de las masas que abrevan de ellos. Menos mal que, pese a todo, el triunfo no depende de este mundo ni de nuestras fuerzas. Pero, como decía Julián Marías, que por mí no quede.

martes, 29 de enero de 2008

Historias de Filadelfia


La elegancia de un director, la inteligencia de un guión y el talento de unos actores dan lugar a una obra maestra de la comedia y del cine en general. Todo el mundo ha visto ya “Historias de Filadelfia”, o debería, de modo que no voy a descubrir su trama. Tampoco sus “gags”, que son sutiles, sin subrayados, casi como flecos de la historia, remates de lujo.

A lo que voy es a la comparación entre la comedia clásica y la actual. Estamos acostumbrados a que comedia sea sinónimo de risotada y golpe de efecto, con frecuencia de tono escatológico o procaz, y casi siempre sin una historia digna sobre la que sustentarse. Posiblemente, un público joven no conecte con el humor que encierran “Historias de Filadelfia”, “La fiera de mi niña” o “El hombre que vino a cenar”, y crea que es más comedia una película de Jim Carrey o cualquier parodia de los estrenos del año.

Sucede algo con el cine clásico, y es que deja un regusto en el paladar (o el órgano equivalente para registrar huellas de placer cinematográfico), una impronta satisfactoria en la sensibilidad, más honda y duradera que la torsión de una carcajada. Tantas comedias de hoy se olvidan antes de que termine uno de salir del cine. Pero las clásicas, aunque no hayan conseguido desternillarnos, infiltran su humor hasta capas más profundas, provocando una cosquilla en el alma que permanece como un rescoldo en la memoria el resto de la vida.

Lástima que actualmente el cine clásico sea un peñazo para muchos, a veces con la única excusa de que no está en color. El que sabe apreciar los matices del blanco y negro tiene una sensibilidad mayor que quien necesita un trapo rojo para mantener la atención. Y quien se recrea en un juego de palabras demuestra más cultura que otro que espera con las mandíbulas desencajadas a que le llenen la boca de procacidades.

sábado, 26 de enero de 2008

Expiación


Dunquerque, aparte del lugar de una batalla, una humillación o una derrota, debió de ser un sitio donde miles de personas de diferentes nacionalidades e idiomas, expuestas al límite de sus fuerzas, al límite de su esperanza, se agarraron al recuerdo de algo o alguien por quien mereciera la pena seguir luchando y esperando.

En «Expiación» se cuenta eso, entre otras cosas (no es cuestión de desvelar aquí las claves de la trama). Me ha gustado mucho porque habla de personas, de amor, de culpa, y de expiación, por supuesto. No son muy frecuentes las películas sobre este tema, quizá porque la expiación supone un renunciar a sí mismo y volcarse hacia los demás o hacia una tarea que sirva para redimir las culpas, y eso a veces implica retraimiento y reclusión, escasa relevancia pública, papeles más bien secundarios. El que expía culpas es preso –si le obligan– o santo –si lo hace voluntariamente–. Villano o héroe; fuera de estos casos, será un personaje marginal, que puede llegar a influir en la trama principal, pero no la protagoniza.

La expiación no sólo tiene que ver con la culpa; también con el arrepentimiento, que es la antesala del perdón. En nuestros días no se lleva la culpa, está mal visto, hay que sentirse siempre bien y no arrepentirse de nada. Lo malo de esto es que impide el perdón, el auténtico perdón, que no es ni cortesía ni olvido, sino amor al prójimo.

También me ha gustado la película por sus buenas interpretaciones, el guión, la música, una vez más acertada, de Dario Marianelli, la fotografía, el vestuario y los decorados. Todos ellos han recibido nominaciones para los oscars de este año, así como la película y la niña, Saoirse Ronan. Me ha llamado la atención especialmente la ambientación de la guerra, magnífica y original, en un episodio, que yo sepa, no muy retratado por el cine.

No me arrepiento en absoluto de haberla visto, así que no tengo culpas que expiar. Por ahora.

jueves, 24 de enero de 2008

Heath Ledger


Debo reconocer que cuando supe que Heath Ledger iba a interpretar al Joker en la próxima película de Batman, me pareció que no pegaba, sobre todo si le comparaba con Jack Nicholson, que me parecía más hecho para el papel de malo desquiciado y sonrisa hasta las orejas.
Luego vi algunas imágenes (la que he puesto no es la más dura) y me recordó a "El cuervo", y me pareció un Joker más terrorífico que el de Nicholson, lo que me resultó sugestivo, pero me sorprendió aún más, porque tenía una idea blandita de Ledger.
Ahora que ha muerto por una sobredosis de somníferos, y habiendo sabido que ya antes había intentado cortarse las venas, no me sorprende tanto. Curiosamente, Brandon Lee murió haciendo del Cuervo, al que se parece tanto este Joker.
También me he enterado de que hace unos días fue encontrado igualmente muerto Brad Renfro, 25 años, conocido por ser el niño de "El cliente".
Que Dios les acoja en su misericordia.

lunes, 21 de enero de 2008

Lavado de cerebros para niños


La cosa está que arde. De entre los varios temas que tenía para escribir hoy he tenido que escoger este, con urgencia y taquicardia. No voy a resolver nada con ello, pero subamos el nivel de alarma, por favor, que hay motivos para el pánico.

Resulta que la Junta de Andalucía ha editado una guía para asegurarse que los niños en el colegio no van a caer en el perverso vicio de la desigualdad ni siquiera en el antaño inofensivo tiempo de juego. La desigualdad, esa peste negra de los progres, puede aprovechar ese rato distendido para emponzoñar las cándidas almas de los escolares, e inocular así un veneno que en la edad adulta puede manifestarse de forma harto indeseable.

Por ejemplo, hay que velar por que el sexismo no se inmiscuya en los juegos infantiles. El reparto de tareas y juguetes debe obedecer a criterios asexuales, y además la representatividad de niños y niñas debe ser pareja en todo momento, no sea que se produzca el temido fenómeno de la «invisibilidad de la mujer», con tufo a las peores épocas de la historia de la Humanidad, como el franquismo o el gobierno del PP, las únicas que un niño de hoy acertaría a enumerar. Por eso, no se encasillará a las niñas en juegos donde no puedan expresar su ira, o a los niños en divertimentos que les impidan dar rienda suelta a un llanto emotivo.

Pero hay otro lado por el que la desigualdad puede encontrarse traidoramente emboscada. Esa manía de que en todo juego deba haber ganadores es cruel y despiadada con los más torpes o vagos, y hay que erradicarla. En toda circunstancia. Por ejemplo, en el juego de las sillas nunca se irá nadie a la calle por quedarse sin asiento, sino que habrá de compartirlo con otro, hasta que en la última silla todos los amontonados hagan ímprobos esfuerzos por no caer al suelo. Sin duda es una metáfora del buen socialismo: cómo va quitando, quitando, hasta que lo poco que queda es un ridículo punto de equilibrio inestable para la masa estúpida que aceptó jugar.

Y no estamos hablando de Educación para la ciudadanía, que merecería capítulo aparte. Padres y futuros padres, tíos y padrinos: si algún día esos inocentes niños que dejaron el hogar horas antes regresan con la mirada perdida y las comisuras babeantes, recitando letanías de amor al Líder, no digan que no se lo advertimos.

miércoles, 16 de enero de 2008

Historia encadenada (que continúe el siguiente)



La mirada de Leopoldo tenía esa mañana un brillo especial. Lo percibió él mismo, cuando se acercó al espejo para componer su fabuloso mostacho, ese que le permitió actuar de extra en grandes producciones históricas, como «Nicolás y Alejandra» o «Los duelistas». La vida le sonreía desde que un centenario y olvidado pariente suyo le convirtió en único heredero de su vasta fortuna, consistente en un latifundio andaluz amasado en periodos desamortizadores. De modo que ahora podía sentirse casi como una de esos señores de época que aparentó en las viejas películas, y sólo echaba de menos para completar el cuadro que un carruaje señorial lo esperase en la puerta.

Pero ese día era especial por algo más. Merceditas, la amiga, amante y esposa que nunca fue, a pesar de sus desesperados intentos durante años por conferirle tales títulos, quería por fin entrar en su vida, tras recapacitar acerca de las singulares virtudes de Leopoldo y de sus bigotes, que hasta entonces siempre había desdeñado.

Con el ánimo encendido por la inminente cita, avanzaba Leopoldo por la calle, capaz de devorar el mundo. Pero una sorpresa le aguardaba a la vuelta de la esquina:…

domingo, 13 de enero de 2008

Informe Semanal contra la vida


Es conocido de todos que Informe Semanal es un programa que ha forjado su prestigio durante décadas, lo que le ha deparado un unánime reconocimiento, aunque ya existan otros programas parecidos. Cuando yo era chico, ver Informe Semanal en familia era una costumbre, y resultaba instructivo, y no meramente informativo.

Sin embargo, en los últimos años el programa se ha ido empapando de ideología y partidismo, que ya rezuma por los cuatro costados. La emisión de anoche alcanzó tales abismos de degradación en la zafiedad de su manipulación y sus mentiras que es preciso denunciarlo, por la gravedad del tema del que se ocupaban. El asunto era el aborto, cuestión de actualidad por la denuncia que grupos cristianos han hecho de mataderos de niños no nacidos, principalmente en Madrid y Barcelona, lo que ha provocado una reacción de dirigentes socialistas que se puede calificar de abyecta. Sin ir más lejos, el presidente de la Junta de Andalucía sugirió que habría incentivos económicos para los médicos que los practicaran, habida cuenta de que la mayoría no lo hacen por ser objetores; esta felonía ha provocado la reacción del colectivo, justamente ofendido por ese intento asqueroso de comprar su conciencia. Tan repugnantes son las posturas de estos políticos, como estremecedor el propio crimen cometido, que ha deparado escalofriantes revelaciones como la existencia de un sujeto al que llamaban «Rompecocos», del que no es preciso decir más.

En este contexto, el antaño prestigioso Informe Semanal no tuvo otra propuesta que hacer que la emisión de un «reportaje» sobre el tema, en el que pudieron expresar su opinión toda clase de personas… que estuvieran a favor del aborto. Terminado el atentado a la verdad y a la inteligencia, sólo se podía concluir que algunas voces fanáticas se han opuesto con maldad al ejercicio de un derecho puro de la mujer, pero que la sociedad en masa apoya la libertad y pronto acallará a los disidentes. De hecho, Informe Semanal ya los acalló anoche, porque no dio voz ni a uno sólo.

El aborto es un crimen, se está cometiendo en España con dimensiones de genocidio, y la mayor parte de la sociedad parece idiotizada o cómplice, como los alemanes que veían pasar los trenes de ganado camino de los campos de exterminio. No podemos callar, porque nuestros hijos y Dios juzgarán culpable nuestro silencio.

viernes, 11 de enero de 2008

El mundo de Grey



Veo esporádicamente la serie «Anatomía de Grey», y cuando la veo el sentimiento más frecuente es la sorpresa. Supongo que es lo que pretenden sus guionistas, como los de cualquier culebrón televisivo, aunque mi sorpresa va por otros rumbos.

A mí me asombra que esta serie, que recrea las peripecias, tanto médicas como sexuales, de un grupo de jóvenes residentes en un hospital estadounidense, muestre una realidad en la que priman la volubilidad, los instintos primarios, el egoísmo, la envidia, la inmadurez y la irracionalidad. Pero el otro asombro con el que se encadena éste es el que cree entrever que la realidad social no se aleja demasiado de la televisiva, aunque no sepa quién imita a quién, o si es un feedback continuo.

Desde mi punto de vista, es como si alguien hubiese llegado a una guardería y hubiese disfrazado a los niños de médicos, al tiempo que los hubiese dotado de una carrera de seis años, una cuenta en el banco y unos genitales más efervescentes que una gaseosa. Me parece que el resultado sería parecido a lo que muestra la serie, incluso parecido a lo que la sociedad en la que vivimos nos enseña cada vez más.

Me temo –y cuando digo temo, hablo de miedo– que el mundo en el que habito es cada vez más extraño para mí, y se me atraganta; o yo soy cada vez soy más un cuerpo extraño para él, y me expulsa a los arrabales. Tampoco es que creyera ni mucho menos que viviese en los mundos de Yupi –Dios me libre–; pero resulta que vivo en el mundo de Grey, y eso no me gusta tampoco, porque es lugar de gente infeliz, pueril y desquiciada.

Aunque si quiero deprimirme de verdad, todavía tengo la versión española de la historia.

miércoles, 9 de enero de 2008

The cooler


La otra noche vi esta película, sin grandes pretensiones, y me dejó un sabor agradable. Me atrevería a decir que, si no fuera por sus generosas dosis de sexo, violencia y lenguaje malsonante, podría encuadrarse en el estilo Capra. Cuenta la historia de dos perdedores en una ciudad tan poco humana como Las Vegas. Tan deprimente es su condición que el uno (William H. Macy) trabaja de gafe para un casino famoso, mientras ella (Maria Bello), es camarera en el mismo… y lo que haga falta. Por azares de la vida, se enamoran, y él comienza a sonreír y deja de ser gafe para convertirse casi en una pata de conejo.

La historia contiene todo lo sórdido que he mencionado antes, pero también tiene humor, aunque me quedo con el amor. En un momento dado, ella descubre lo que ha surgido entre ellos, y lo confiesa más o menos así: «Creo que te quiero. No, estoy segurísima de que te quiero. Cuando me quise dar cuenta, me habías atrapado. Eso no se le hace a una chica». La cita no es literal, y mejora en la película. A mí me pareció una declaración sencilla, sincera y bonita.

Por su parte, él, en otro momento, le dirá a ella: «A partir de ahora, no vuelvas a mirarte en un espejo. Mírate en mis ojos, y te verás como yo te veo». Tiene sus motivos para decirlo, que no voy a revelar aquí, y en sus palabras late algo profundo y auténtico. A pesar de la catadura de los personajes y la circunstancia en que viven, la historia de amor es real, no se queda en la superficialidad de los sentimientos o la pasión: ambos se juegan la vida el uno por el otro, buscan su bien, se sacrifican y proyectan su vida en común.

No es una obra maestra, pero me encontré con esas cosas buenas, y os las cuento.

lunes, 7 de enero de 2008

Britney Spears


No hace falta que presente a Britney Spears: cantante pop de carrera vertiginosa, que conoció el éxito muy joven y ha vendido millones de discos en todo el mundo. Alguno pensará que estoy tratando de atraer público al blog (los hay que desde la foto del escote no han vuelto a poner los pies por aquí). Nada más lejos.

Lo que ocurre es que la llamada princesa del pop lleva un tiempo siendo carnaza para los periodistas, que airean como desecho pestilente lo que queda de su destrozada vida privada, a los veintipocos años. Y no sólo los que se dedican a los programas del corazón, porque los noticiarios y demás pregoneros de morralla informativa se rebajan también a ese nivel. La muchacha chapotea en el charco de una vida personal calamitosa, con al menos un par de divorcios y un par de hijos en este mundo, que yo sepa, porque tampoco me he puesto a wikear para documentar esta entrada.

A mí me revienta mucho todo esto, porque a fin de cuentas la chica es una desgraciada que no ha tenido una familia que la sujete cuando el éxito se le ha subido a la cabeza, y sin educación ni criterio va dándose trompazos. Pero la razón de que escriba sobre este asunto es que me parece repugnante cómo se señala –de pequeño me enseñaron que estaba feo hacerlo– todo tropiezo de Britney Spears y se echa sal en sus heridas por los medios de comunicación en que todos abrevamos. Los mismos que, al minuto siguiente, hacen propaganda de tal o cual producto o comportamiento apropiado para la chica rebelde de hoy, «libre», desinhibida y descarada. Precisamente el tipo de chica que tiene todos los boletos para acabar como Britney Spears.

Estoy harto de que los padres de estas criaturas mediáticas abominen de ellas cuando su imagen se estropea, y no detengan su fervor por engendrar monstruos semejantes o peores para que hagan un cadáver joven y tierno. Son personas, son nuestros hijos.

viernes, 4 de enero de 2008

Qué bello es vivir


La mayoría conocéis mi devoción por Frank Capra, y particularmente por su película “Qué bello es vivir”, para mí, la mejor de todos los tiempos. Podría hablar mucho del guión maravilloso, del ritmo, de los actores –inolvidable James Stewart, en tantos registros-, de los momentos emocionantes –la conversación telefónica, el final-, de las lágrimas que siempre me asaltan cuando la veo.

Pero me voy a limitar a recoger lo que dice Capra en su autobiografía: «Es la mejor película que he hecho nunca. Es más. Me atrevo a decir que es la mejor película de la historia. No la hice para los críticos aburridos ni para los intelectuales pedantes. La hice para la gente sencilla como yo; gente que quizás había perdido a su marido, o a su padre, o a su hijo; gente que estaba a punto de perder la ilusión de soñar, y a la que había que decirle que ningún hombre es un fracasado».

Una cosa más. Lo que se cuenta en esta película no es un cuento de Navidad ni un cuento chino. Es lo que puede ser la vida, para lo que está hecha. Conozco casos, y por ellos sé que la vida es maravillosa.

jueves, 3 de enero de 2008

Ataques a la Iglesia


Esto no es un blog de asuntos políticos, pero ante ciertas mentiras no puedo callar. A raíz de la multitudinaria concentración de católicos en Madrid el pasado día 30 de diciembre, el partido gobernante ha evacuado un panfleto titulado «Las cosas en su sitio», que me he molestado en leer entero y que es puro desperdicio. No puedo extenderme mucho, así que comentaré algunas ideas:

-Se califica el acto como «manifestaciones públicas, de contenido político»: es una manera de insinuar dos cosas: una, que al tener contenido político (y no religioso, supuestamente), la Iglesia se mete donde no le incumbe; y dos, que el acto es partidista, porque la gente no distingue lo político, que es todo lo que afecta a los ciudadanos y a la sociedad, incluidos los católicos y la Iglesia, de lo que corresponde a los partidos.

-«La fortaleza de la democracia consiste en la garantía de la convivencia de opciones ideológicas, morales y religiosas distintas, sin aceptar la imposición de ninguna en particular»: se sugiere así que las manifestaciones de la Iglesia y los católicos en torno a cuestiones que interesan a todos, incluidos ellos, suponen un ejercicio de imposición de creencias. Imagino que también lo será para estos políticos el pertenecer a un sindicato, a un equipo de fútbol o a una asociación folclórica, y proclamarlo. A su juicio los creyentes deben callar, sobre todo si son católicos.

-«En un régimen de libertades, la fe no se legisla». Expliquemos esta consigna: para estos políticos la defensa de la vida contra el aborto, del matrimonio contra el divorcio y de la familia contra el individualismo son creencias religiosas de unos cuantos obispos y sus allegados más beatos y conservadores. No se puede pretender que la ley defienda el matrimonio, la familia o la misma vida tal y como pretende la Iglesia. Es más, la propia defensa que la Iglesia hace de esas nociones confirma las sospechas de estos políticos: son instituciones trasnochadas y arcaicas, a las que han hecho bien en tratar de desbaratar con sus iniciativas.

-«Toda confesión religiosa tiene plena autonomía en su orden doctrinal respecto de quienes participan de ella, pero es la sociedad la que tiene, a través de sus representantes, la potestad de ordenar los principios de libertad individual y de convivencia para todos los ciudadanos. Sólo quienes deliberadamente ignoran o no respetan estos principios se apartan de los fundamentos esenciales de la democracia». En definitiva, que la democracia que dicen defender estos políticos es la del silencio para los que no comulguen con sus ruedas de molino, que para ello les respalda una precaria mayoría compuesta de partidos diversos entre los que figuran algunos postuladores de la disolución de España y del odio a la religión. Ellos son los únicos con derecho a decir qué conviene a la sociedad, que para eso han ganado, y los demás, que traguen. Sin embargo, la Iglesia no ha puesto en cuestión la legitimidad de quienes gobiernan, sólo ha querido hacer oír su voz respecto de cuestiones urgentes, que la misma Constitución defiende como valiosas; pero por lo visto, el mero hecho de que hable es un peligro para la democracia.

-«No hay más legitimidad que la legitimidad constitucional». Y esto, ¿a qué viene? ¿Quién ha puesto en duda la Constitución? Precisamente lo que ha hecho la Iglesia es tratar de recordar que debe aplicarse lo en ella dispuesto, así como la Declaración Universal de Derechos Humanos, a la que aquella remite en su artículo 10. Pero es otra forma de poner a la Iglesia contra el orden jurídico constitucional y la democracia, sin fundamento alguno. A no ser que estimemos que la democracia la constituyen solos estos políticos.

Todo el panfleto, que ocupa un folio, viene demagógicamente trufado de los conceptos (y sus derivados) «libertad» (8), «respeto» (5) «democracia» (4), «igualdad» (2), que se aplican a ellos mismos y a su talante, junto a otros conceptos empleados de forma manipuladora como «avanzar», «fortalecer» o «ampliar», que orlan sus actuaciones de un aura positiva y guay.

A esto hay que sumar los diversos improperios eructados por dirigentes políticos que no merecen más que un discreto taparse las fosas nasales. Disculpad el mal rato.

martes, 1 de enero de 2008

Año nuevo


Estoy viendo el concierto de Año Nuevo, desde la Sala Dorada de la Musikverein, en Viena. Laura y yo estuvimos allí hace unos meses y oímos piezas de Mozart. Es una manera alegre, refinada y elegante de empezar esta nueva andadura. Espiritual, incluso, porque el espíritu también puede ser alegre, refinado y elegante. Me atrevería a decir que incluso está hecho para eso. A ver si lo conseguimos durante este año.

¡Feliz 2008 a todos!

lunes, 31 de diciembre de 2007

Soy leyenda


Dos cosas llaman la atención de esta película. La primera, un hombre solo en el mundo, como un náufrago en la isla de Manhattan, que trata de aprovechar todos sus recursos –no va de compras a las tiendas, sino directamente a los pisos de la Quinta Avenida o Tribeca, abandonados por sus dueños- y que se mantiene en forma. La segunda, una ciudad deshumanizada, tomada por la naturaleza, donde la fauna campa por unas calles que ejercen de sabana, y la vegetación creciente patentiza la fragilidad de la obra humana.

Lo que viene después es el horror, la colmena de seres antaño humanos, vampirizados, que viven en las sombras y salen de caza al anochecer. De día están ausentes, invisibles, pero existe un vacío, un silencio que les guarda sitio, y que cobija sus aullidos nocturnos.

Will Smith se esfuerza mucho, y sufre mucho. La película construye una leyenda en torno a él, y casi lo consigue. Sólo al final, uno de esos finales que no sabe hacer el cine de hoy, lo desbarata, con una mezcla de “Dragonfly” y “Señales”. Es una pena, porque se había ganado el aplauso ese hombre solo, que compadecemos con un estremecimiento sobre todo cuando echa el cerrojo a puertas y ventanas al llegar a casa, en un vano intento de que el terror se quede fuera.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Salvados en la esperanza


«La fe no es solamente un tender de la persona hacia lo que ha de venir, y que está todavía totalmente ausente; la fe nos da algo. Nos da ya ahora algo de la realidad esperada, y esta realidad presente constituye para nosotros una “prueba” de lo que aún no se ve».

«La fe es la sustancia de la esperanza. Pero entonces surge la cuestión: ¿De verdad queremos esto: vivir eternamente? Tal vez muchas personas rechazan hoy la fe simplemente porque la vida eterna no les parece algo deseable. En modo alguno quieren la vida eterna, sino la presente y, para esto, la fe en la vida eterna les parece más bien un obstáculo. Seguir viviendo para siempre –sin fin– parece más una condena que un don. Ciertamente, se querría aplazar la muerte lo más posible. Pero vivir siempre, sin un término, sólo sería a fin de cuentas aburrido y al final insoportable»».

«De algún modo deseamos la vida misma, la verdadera, la que no se vea afectada ni siquiera por la muerte; pero, al mismo tiempo, no conocemos eso hacia lo que nos sentimos impulsados. […] Esta “realidad” desconocida es la verdadera “esperanza” que nos empuja y, al mismo tiempo, su desconocimiento es la causa de todas las desesperaciones, así como también de todos los impulsos positivos o destructivos hacia el mundo auténtico y el auténtico hombre. La expresión “vida eterna” trata de dar un nombre a esta desconocida realidad conocida.».

«[E]s verdad que quien no conoce a Dios, aunque tenga múltiples esperanzas, en el fondo está sin esperanza, sin la gran esperanza que sostiene toda la vida (cf. Ef 2,12). La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “hasta el extremo”, “hasta el total cumplimiento” (cf. Jn 13,1; 19,30)».

«Dios no puede padecer, pero puede compadecer. El hombre tiene un valor tan grande para Dios que se hizo hombre para poder com-padecer Él mismo con el hombre […]. Digámoslo una vez más: la capacidad de sufrir por amor de la verdad es un criterio de humanidad».

«Nunca es demasiado tarde para tocar el corazón del otro y nunca es inútil. Así se aclara aún más un elemento importante del concepto cristiano de esperanza. Nuestra esperanza es siempre y esencialmente también esperanza para los otros; sólo así es realmente esperanza también para mí. Como cristianos, nunca deberíamos preguntarnos solamente: ¿Cómo puedo salvarme yo mismo? Deberíamos preguntarnos también: ¿Qué puedo hacer para que otros se salven y para que surja también para ellos la estrella de la esperanza? Entonces habré hecho el máximo también por mi salvación personal».

(Benedicto XVI, Spe salvi)

viernes, 21 de diciembre de 2007

Testigos del horror


Se habla de memoria histórica, pero se recuerda poco, y se sabe menos. El siglo XX fue pródigo en horrores. Podemos mencionar como representativos a los nazis y a los soviéticos. Pero también jemeres rojos, hutus y tutsis, chetniks, otomanos o maoístas cubrieron de sangre la tierra como para hacer de regadío una cosecha de muerte. Muy grave fue aquello, pero también los acontecimientos, ideas y conductas que lo provocaron, además de las que fueron paralelas y sobrevivieron.

Conviene no olvidar lo que pasó, para pensar en su por qué, que lo hubo, aunque fuera irracional. Es menester recuperar la obra de algunos testigos de la masacre, sentir repeluzno y espanto ante sus historias, pasar alguna noche en vela meditando lo ocurrido, y pasar el resto de la vida velando por si se aproxima otra vez la sombra de ese Mal. Escritores como Alexander Solzhenitsyn (“Archipiélago Gulag”), Vasili Grossman (“Vida y destino”), Imre Kertész (“Sin destino”) o Viktor Frankl (“El hombre en busca de sentido”) nos hablan de la experiencia del horror y de cómo el hombre puede sobrevivirle. Sus libros son memoria viva y necesaria para no recaer en abismos de pesadilla.

Sin embargo, el veneno no se consumió del todo y en parte vive y se extiende de nuevo. No sólo por el recuerdo acrítico de los verdugos, cómo el que ensaya Jonathan Litell en su celebrada “Las benévolas”, donde un antiguo nazi narra su historia de sadismo delirante sin el menor remordimiento. Además, se olvida que los asesinos fueron amantes de la muerte en todas sus formas, incluidas la eutanasia o el aborto, y algunas de estas pasiones extienden sus tentáculos en nuestra sociedad del bienestar, y engendran otras aún más monstruosas.

Hay que volver a los testigos del horror y aprender en su carne las lecciones. No se puede tropezar más veces en esta piedra.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Treinta o cuarenta años


¿Qué le ha pasado al mundo en los últimos treinta o cuarenta años?

Me refiero al mundo occidental, el único al que le pasan cosas a una cierta velocidad. El islam es otra cosa, y Asia, otra cosa más rara todavía.

La década de 1960, llamada prodigiosa, después de unos años de paz y progreso, dio pie a una relajación de costumbres que algunos confundieron con la libertad. Se sucedieron desde entonces las provocaciones, las modas, las músicas, todas de corta vida, tanto las realmente originales y creativas, como las patochadas infectas. Algo parecido le ocurría a casi todos sus creadores, desde los más originales y creativos, hasta los más apestosos. Se diría que, como flores, se conformaban con la belleza de unos días, y después morir. Sus iconos lo hacían: James Dean, Marilyn, tantos cantantes de rock. Y algunos que no morían, se escondían, como Salinger.

La literatura le dio a la droga y al sexo, como la música, y salieron cosas que se ensalzaron hasta el cielo, mientras otras iguales se quedaron en la cloaca. La pose dejó de ser gesto de dandis, por la cantidad y por la calidad; ya no había Wildes, sólo gente –todo el mundo– que en cada acción parecía mirar el objetivo de una cámara, y cada vez hubo más cámaras.

Todo el mundo quiso salir en televisión. Warhol habló del cuarto de hora de fama. Al final lo difícil fue no salir. En lo supuestamente exclusivo están casi todos, y unos cuantos raros quedan fuera. Cambió el sentido de lo normal, primero se hizo escaso, luego ofensivo y proscrito: no se puede ser normal porque los demás serían anormales.

La religión se volvió loca en muchas partes, pero no en todas, como los locos pensaron. Se creía en cualquier cosa, o en nada, que es lo mismo, ya lo anticipó Chesterton. Las creencias huecas dieron lugar a valores huecos, a principios huecos, a ideas huecas. Cuando salía alguna buena, sólo podía retorcerse hasta agotarla, la creatividad no daba más de sí. El cine clásico murió casi con Kennedy, aunque él no tuviera culpa ni mérito.

Cualquiera escribe un libro. Y cualquiera escribe un blog. Aunque no sepa de qué rayos está hablando.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

La vida en peligro


El lugar más peligroso para que viva un niño que todavía no ha nacido es… España.

No hay criatura humana más segura que aquella protegida por el seno de su madre. Ni la hay más frágil que la rechazada por ella. En España más de cien mil madres reniegan de su hijo cada año, para siempre. Lo harán con mayor o menor desesperación o conciencia, con más o menos complicidad o inducción de unos y otros. Pero el resultado siempre es la muerte de un inocente, del mayor inocente, del que ni siquiera tuvo oportunidad de hacer nada, ni bueno ni malo.

La respuesta que se da desde los poderes del Estado es estremecedora: defender “a la mujer”, ampliar la ley que permite el aborto. Parece que no escarmentamos. Parece que no ha llovido suficiente sangre todavía. La vida joven se apaga en España. Otros vendrán, se supone, porque la vida se abre camino siempre. Otros más generosos, o menos asesinos. Pero miles, millones, de niños yacerán en vertederos, sin nombre, sin haber podido oler una flor, sin haber podido mirar el día, sin haber sentido nunca una caricia, sin conocer una ocasión de amar. O, dicho de forma más clara, aterrizando tanto que nos topemos de bruces con el suelo: matando niños de siete meses o más, a quienes previamente se ha extraído del vientre de su madre, traídos a la vida para que se les arrebate de seguido. Se matan también criaturas mucho más pequeñas, pero eso sólo es menos escandaloso, no es menos criminal.

Se acercan las fechas de celebración del Nacimiento más trascendente. Muchos festejos se reducirán a comilonas y borracheras. No es paradoja. Es lo que hemos elegido en lugar de los niños que pudieron nacer, y no dejamos. Celebramos el triunfo sobre Dios, sobre la vida de los otros, y la entronización de la nuestra en el gozo y disfrute. Aunque la vida que no hace más vida, tarde o temprano también se apaga.

martes, 18 de diciembre de 2007

Lo peor



La entrada anterior sigue abierta, remolones. Pero para aquellos que no tienen nada bueno que decir, porque no les ha gustado nada, doy opción aquí a desahogarse en forma de listas negras. También pueden citarse las decepciones, los errores y los desconciertos.

El problema es que, si uno va medianamente informado al cine (y además es cauto hasta casi rozar la agorafobia, como es mi caso), difícilmente le habrán dado gato por liebre. Es decir, que lo malo se habrá quedado en la cartelera, para otros con el paladar menos exquisito, o con más dinero que gastar.

De todas formas, mencionaré algunas películas que me dejaron casi indiferente ("Banderas de nuestros padres"), o que me parecieron poco originales ("El orfanato"), o a las que les faltaba alma ("El buen pastor"), o que ya estaban pasadas de rosca ("Piratas del Caribe: En el fin del mundo").

Ánimo, que contar lo malo siempre cuesta menos.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Las mejores películas del año


Por estas fechas, todo blog de cine que se precie hace sus listas, y este, aunque no sea sólo un blog de cine, no va a ser menos. De modo que, hagan memoria, señores y señoras, y traten de recordar qué pelis les han parecido las mejores este año. Ahí va mi lista, sujeta a todo tipo de debates y cuchufletas:

1- Apocalypto
2- Ratatouille
3- Bourne: Ultimatum

Que conste que no lo he visto todo. Por ejemplo, si hubiese visto Promesas del Este, quizá la lista se viese alterada. Pero hay otras que sí he visto y que no la alteran, como Cartas desde Iwo Jima.

Ahora cedo la palabra a vosotros, famélica legión, para que soltéis esas listas que con tanto mimo habéis elaborado hasta ahora. Tranquilos, que otro día daremos opción para hablar de lo peor.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Diálogos inmortales


ESCENA CUMBRE
-Sólo sé que no sé nada
-Pues… entonces, todos contentos


FINAL ALTERNATIVO:
-Sólo sé que no sé nada
-Pues… estamos apañados.


MONTAJE DEL DIRECTOR:
Sócrates desciende aliviado de la Acrópolis, cuando se ve a Protilo correr hacia él con una lentitud enojosa. Su rostro refleja ansiedad, y tras mirar a Sócrates de hito en hito, le inquiere:
-Maestro: ¿qué tienes que decirme?
Sócrates, con un gesto en el que anida un cansancio infinito, eleva la vista al cielo, suspira, se mesa la barba, le mira de nuevo, por si todavía sigue ahí, y finalmente, con hastío, proclama:
-Sólo sé que no sé nada.
Protilo vacila, la vida entera pasa por su mente (largo flashback, incluyendo a madre muerta). Tras interminables minutos, habla:
-Pues… como soy un siervo fiel de tu sabiduría, que ni merezco ni me quieres dar, seguiré viniendo cada mañana a preguntarte, hasta confíes en mí como el discípulo que necesitas y yo obtenga esa respuesta que anhelo. Así podremos decir que… entonces, todos contentos.
Sócrates palidece. El director dice “corten”, Sócrates enciende un pitillo, Protilo se pone a ligar con la script. En ese momento el técnico de sonido estalla:
-¡Este cacharro no deja de grabar…! Estamos apañados.

jueves, 13 de diciembre de 2007

Esto no es sólo un blog de cine


Estaba yo tan cómodo, debajo de un almendro y tiritando al sol, cuando un amigo me recordó los orígenes de mi blog, que desde su “resurrección” se ha dedicado exclusivamente al cine. “Y eso me basta”, me he jactado.

Pero, de pronto, esta tarde he sentido la necesidad de escribir sobre otras cosas. Mi primer impulso ha sido mandar un artículo a un periódico. Pero luego me he acordado del blog. ¿Por qué va a ser sólo un blog de cine? Y he hallado la respuesta: no sólo de cine vive el hombre.

(Advierto que lo ridículas que pueden parecer algunas de las frases anteriores procede de un ejercicio de autoironía, no de presunción, que también la hay).

El tema que me come por dentro esta tarde tiene que ver con la lectura. Hay una cierta obsesión por que los niños lean, los hombres lean, los jubilados y amas de casa lean, la sociedad en pleno lea. Se regalan libros, se intercambian libros por el procedimiento del abandono, algunos incluso se disfrazan de libros. Todo para inculcar, dicen, el saludable hábito de la lectura.

Y yo me pregunto (aunque no he sido el primero): ¿leer qué? No vale leer cualquier cosa. Si lo que pretendemos es que se lea, bueno, vale. Pero supongo que se persigue un fin con la lectura: culturizarse, aprender vocabulario, expresión, capacidad de comunicarse, conocer al hombre y el mundo. Por ejemplo. ¿Se consigue eso leyendo lo que sea? No lo creo. En este sentido, es un cierto consuelo saber que no todo lo que se ha escrito y se escribe continuamente merece ser leído, no me daría la vida para tanto. Tampoco me dará para todo lo valioso, pero puedo hacerme con una buena parte.

La pena es que no se aclare, junto a las campañas de fomento de la lectura, que algunos libros son necesarios, imprescindibles, y otros, la mayoría, pura morralla. Pero aquí es donde más se falla, y por todos lados. Conocí un profesor universitario que únicamente leía cómics. A mí también me gustan, pero no basta con eso, es lo mismo que comer sólo carne con patatas. La lectura debe tener como objetivo alimentar el alma y el cerebro, no crear acúmulos de grasa y toxinas en dichas zonas. En definitiva, casi todo lo que se consume es lectura basura, y así nos va.

Ya iré hablando otros días de qué habría que leer. Se puede empezar con este blog.

(Autoironía de nuevo, ¿vale?).

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Peter Sellers


Peter Sellers, además del alter ego de mi amigo Ángel, muy secundariamente fue un actor británico inmensamente popular, sobre todo por su encarnación del inspector Clouseau en “La pantera rosa”, paradigma del desastre con patas, luego tan imitado.

Pero sus méritos van más allá. Por citar algunos, siendo aún joven, formó parte del legendario “Quinteto de la muerte” (Alexander McKendrick, 1955), malvada pandilla de delincuentes que tuvo a gala morir, uno tras otro, a manos de una desvalida anciana. Más tarde ofreció una nueva exhibición del caos, versión hindú, en “El guateque” (Blake Edwards, 1968), interpretando al mejor invitado arruinafiestas que se pueda imaginar, con sufrimiento pre-miccional incluido, sólo superado décadas después por el pobre abuelo Simpson. Entre medias, se había consagrado como rey de la comedia con las películas de la saga Clouseau, “Qué tal Pussycat”, o “Casino Royale”, a cual más delirante.

Consiguió incluso nominaciones al óscar, cuando asumió varios roles en la disparatada “Teléfono rojo: volamos hacia Moscú” (Stanley Kubrick, 1964), y en la más tranquila y póstuma “Bienvenido, Mr. Chance” (Hal Ashby, 1979). No obstante las apariencias, este hombre tan gracioso y alocado dentro de la pantalla, estaba de verdad loco y no tenía ninguna gracia fuera de ella. Egocéntrico y maníaco, hacía la vida imposible a quienes lo rodeaban, como reflejó Geoffrey Rush en un reciente biopic.

Se lo creyó, vamos, lo de rey de la gracieta. Ángel, ándate con ojo.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Cartas desde Iwo Jima


Querido Clint:

Me has paseado por paisajes lunares, terrosos y black and white. Me has puesto a vociferar en japonés con cara chino. Me has dado un mauser de escaso alcance y puntería para matar lo menos diez enemigos antes de que me maten o me inmole. Y lo peor es que todo esto fue de verdad antes de ser de mentira en tu película.

Ahora lo que yo tenía eran preguntas: ¿De verdad el hombre puede estar tan desvalido como lo muestras, o todavía más? ¿De verdad la esperanza no cabe en una cueva, y sí los recuerdos zumbones y puñeteros? ¿De verdad todos somos malos y buenos, pero sobre todo eso? ¿De verdad esperas que me emocione con un muerto rendido, un piano punteado y una playa de ceniza? ¿De verdad esperas que tu vida ya anciana sea vida para otros, o quieres compartir tu vecindad con la muerte? ¿De verdad?

Bueno, te dejo, que se aproximan lanzallamas.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Mutantes


(A)-Tengo un blog de cine.
(B)-¿Y?
(A)-Pues que soy un tío cojonudo.
(B)-¿En serio?
(Tío cojonudo)-Te diré.
(Necio)-¡Ostras!
(Tío cojonudo)-Hasta me hacen comentarios.
(Necio)-¿Y van las estrellas y eso?
(Pobretico)-Hombre …
(Tocapelotas)-Porque si es de cine…
(Pobretico)-Pongo fotos…
(Tocapelotas)-Seguro que son en blanco y negro.
(Woody)-Pues, ¿sabes?, el grado de eminencia de un cinéfilo es inversamente proporcional al color de las fotos de su blog, dicen, eso creo.
(Antigafapasta)-Mira, yo creo que lo tuyo no tiene ningún futuro, háztelo mirar.
(Woody)-Sí, ya tengo pedida hora con mi psiquiatra, bueno, con mi nuevo psiquiatra, el anterior se ha hecho pastor esquimal presbiteriano.
(Antigafapasta)-Ya lo decía yo…

martes, 4 de diciembre de 2007

El abrazo de la muerte


“Cuando una mujer se nos mete en el corazón, difícilmente se la puede desterrar de él. Es como la brizna de manzana que se introduce entre los dientes. Ni el recurso de arrancarla con un trocito de celofán de un paquete de cigarrillos da resultado, porque éste también queda aprisionado entre los dientes”. Un retrato femenino de esta finura (y hondura) sólo puede encontrarse en una película de cine negro. En este caso es “El abrazo de la muerte” (1948), de Robert Siodmak. Y el que así habla es Steve (Burt Lancaster), a propósito de una individua que responde por Anna (Ivonne de Carlo), la típica mujer fatal en que el destino le enreda, para su desdicha. No es de extrañar que la chica acabase siendo la Lily de La familia Monster. Porque es de esas que de malas, parecen casi feas.

Como curiosidad, Tony Curtis, desconocido aún, aparece con ella durante un segundo en la escena de la pista de baile.

Como advertencia, la que hacía un infantil Ronny Howard en “El noviazgo del padre de Eddie”: no te enamores de una mujer de ojos oblicuos (las buenas los tienen redondos).

lunes, 3 de diciembre de 2007

Cine y vida
















¿Qué puedo yo contar que no sea cine?

Nada de lo humano le es ajeno.


domingo, 2 de diciembre de 2007

De Somerset Maugham


Somerset Maugham, escritor británico, muy popular sobre todo durante el primer tercio del siglo XX, vivió más de noventa años, y en ese tiempo tuvo ocasión para escribir multitud de novelas, dramas y cuentos, con gran éxito entre el público. Hasta tal punto, que muchas de sus obras han sido llevadas al cine, casi desde el principio de su historia, hasta hoy mismo. Hagamos un repaso de las más conocidas películas basadas en sus libros:

· "La carta" (The letter): tuvo dos versiones principalmente, una de 1929, dirigida por Jean de Limur (del que no se acuerda ni su padre), con Jeanne Eagles (nominada al óscar) y Reginald Owen; y otra, la más famosa, de 1940, dirigida por William Wyler (ese sí), con Bette Davis (también nominada) y Herbert Marshall en los principales papeles.

· "El agente secreto" (Secret agent): sobre la novela “Ashenden or the british agent” dirigió esta película Alfred Hitchcock en 1936, con John Gieguld, Peter Lorre, Madeleine Carroll y Robert Young. Hitchcock le confesaría a Truffaut que disfrutaba leyendo los libros de Maugham.

· "Lluvia" (Sadie Thompson): en 1928 Raoul Walsh llevó esta historia al cine, con la gran Gloria Swanson (todavía no encerrada en su mansión crepuscular, y nominada al óscar) y el no menos grande Lionel Barrymore. En 1932, Lewis Milestone la hizo con otro reparto de campanillas, encabezado por Joan Crawford y Walter Huston. Todavía se puede citar otra versión, de menos enjundia, filmada en 1953 por Curtis Bernhardt, con Rita Hayworth y José Ferrer de protagonistas, que en España llevó el horrible título de “La bella del pacífico”.

· "El filo de la navaja" (The razor’s edge): destaca la versión de Edmund Goulding, en 1946, con Tyrone Power, Gene Tierney, Ann Baxter (ganó el óscar) y un maravilloso Clifton Webb (lo nominaron), entre otros; además fue candidata a mejor película. Se queda muy lejos, pero como curiosidad citaré la versión de 1984, de John Byrum, con Bill Murray y Theresa Russell (hay comparaciones especialmente odiosas).

· "El velo pintado" (The painted veil): la primera versión es de 1934, dirigida por Richard Boleslawski, con Greta Garbo y Herbert Marshall en los principales papeles. La más reciente es de 2006, la filmó John Curran, y la interpretaron Naomi Watts y Edward Norton.

Esto es sólo una muestra de lo que ha dado de sí la obra de Somerset Maughan para el cine. ¿Qué conclusiones podemos sacar? Pues que fue un buen conocedor del alma humana, yendo siempre a sus profundidades. Buena prueba de ello es que no rehuyó el terreno religioso, que aparece en buena parte de estas películas como lugar donde hay tantas respuestas como preguntas, soluciones como problemas. También lo prueban sus acertados retratos femeninos, que proporcionaron jugosos papeles a grandes actrices que se lucieron con ellos, desde Gloria Swanson a Naomi Watts.

Exploró con acierto la pasión amorosa, y por ello afirmó que el sentimentalismo es el único sentimiento que te lleva por el mal camino. No puedo estar más de acuerdo. El romanticismo exacerbado sólo da para películas almibaradas y huecas; pero si se llega hasta sus bordes y se mete la mano por debajo, puede encontrarse lo que de verdad importa.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Luz que agoniza


Charles Boyer –no te enrolles– fue un actor dúctil, sobre todo porque usaba como plastilina las facciones de su cara, sin perder casi nunca la compostura, para mostrarnos mil formas de parecer malvado. También podía ser bueno, como en la primera “Tú y yo”, pero ¿quién se acuerda de aquella, habiendo una segunda, con Cary Grant, y encima en color?

Charles Boyer hace de marido pianista (Gregory), Ingrid Bergman de mujercita al borde de un billete al manicomio (Paula), y Joseph Cotten, que también podía ser malo muy malo –recuérdese el tío Charlie de “La sombra de una duda”– es el desconcertado entrometido del que no contaré más por ahora; ah, sí, que se llama Brian Cameron. También aparece por ahí una debutante Angela Lansbury, que antes de dedicarse a la novela policíaca fue sirvienta deslenguada y pelandusca, lo que, aparte de un sueldo módico y una tarde libre a la semana, le proporcionó su primera nominación al oscar. En el otro lado –cronológico– está la veterana y magnífica Dame Mae Witti, que todos recordarán por… no, ya nadie la recuerda.

Los oscars que sí fueron se los llevaron la Bergman y los decorados en blanco y negro (ya se sabe, todos los muebles y paredes pintados de esa guisa). Charles “no te enrolles” Boyer se quedó con las ganas, igual que la fotografía, que también era en blanco y negro, el guión, y la película toda, que estuvo entre las cinco mejores de 1945, que ya es mucho decir para esa época gloriosa, sobre todo si tenemos en cuenta que hay una versión anterior de 1940.

Esta película es recomendable para todos aquellos que toquen al piano las últimas operetas de Strauss, tengan una criada sorda o estén pensando en volver loca a la propia esposa. Por tanto, no se recomienda a menores de ochenta y siete años; los demás tendrán que verla clandestinamente, con la excitación propia de quien paladea un fruto prohibido.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Temas 2


Si el cine español no saca mucho provecho de la Guerra de la Independencia, no digamos de nuestra edad de oro, los reinados de Carlos I –V de Alemania– y Felipe II. Recuerdo alguna vieja película, “Jeromín” de Luis Lucia, que idealizaba la infancia de Don Juan de Austria, llena de sentimientos enaltecedores del valor, el sacrificio y el amor a la patria –algunos dirían que directamente fascistas–; y no me viene a la cabeza mucho más. Sobre la conquista de Ámerica, hay alguna película, pero volcada sobre sus aspectos más sórdidos, como “El dorado” –muy lejos de “La Araucana”–.

Pero si salimos de España, nos encontramos con referencias no precisamente benévolas con España. El cine de habla inglesa no es dado a recordar nuestras gloriosas gestas, sino que prefiere los esporádicos fracasos de ese periodo, haciéndolos aún más sonoros. Está ahora en los cines “Elizabeth. La edad de oro”, en la que España y su rey, con el episodio de la Armada Invencible, quedan ridiculizados (lamentable es que encima un español se haya prestado a interpretar para esta humillación). No es cosa nueva, ya Errol Flynn hundía a toda la flota española con sus cabriolas en el clásico “El halcón del mar”.

Además, como la leyenda negra nos la creemos, y encima nos gusta, elegimos hacer películas ambientadas en los momentos llamados de decadencia. He ahí la reciente “Alatriste”, con buen vestuario y fotografía, pero con un guión de cortar y pegar, lleno de anacronismos ideológicos, reflejo de los prejuicios del autor de la novela. Se repite, como tantas veces en nuestro tiempo, el dicho de Einstein sobre la perfección de medios y la confusión de fines.

Seguiré, me temo, lamentando que no se hagan buenas y fieles películas sobre Pavía –algo parecido explora, en plan muermo, Ermano Olmi en “El oficio de las armas”-, San Quintín, Lepanto o Mühlberg; y las hazañas de Cortés, Pizarro, Elcano o Balboa en América merecen ser llevadas al cine con dignidad, y no como la historia de locura de “Aguirre o la cólera de Dios”. Me quedaré con las ganas, porque todo esto es políticamente incorrecto, pero mira qué bien lo hacen los ingleses con “Master and commander”, por ejemplo. Ah, que la hicieron australianos. Pues que se encarguen ellos (Mel Gibson, espero que leas este blog).

lunes, 26 de noviembre de 2007

Ariane


Billy Wilder y Audrey Hepburn, y no es «Sabrina», sino «Love in the afternoon». No la había visto nunca, pero es deliciosa. Audrey llena la pantalla con sólo aparecer y mire o sonría. El humor de Wilder, su socarronería, sobrevuela toda la película, un estilo inconfundible, una fotografía peculiar y hermosa, justa, en la que no sobra ni falta nada. Gary Cooper está en las últimas, pero hace un esfuerzo, cuando la vida se le escapa, por fingirse vividor. Maurice Chevalier, qué ironía, el rey de las varietés, hace de padre responsable que intenta mantener a su hija alejada de la sordidez del mundo y de los sinvergüenzas que lo pueblan. La orquesta zíngara, banda sonora con patas, consigue el milagro de ser cómica y, a la vez, entrañable.

Y el amor, en París esta vez, lo inunda todo, con la pose de romanticismo extremo, de la que nos reímos, la analítica del detective, la hedonista del millonario calavera, y nuevamente la romántica, que en su insistencia derriba las demás, o no, que con Wilder nunca se sabe de bien, porque todo confluye en el mismo mar, y se mezcla.

Hay muchos besos en esta película, sobre todo en la presentación, y son en sí mismos un canto a la vida, a su prolongación mediante la creatividad del amor. Wilder amaba de veras la vida, fue creador de obras, como se suele decir, imperecederas. Y eso que, como dijo en otra, nadie es perfecto. O precisamente por eso.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Temas 1


Viendo un documental sobre Napoleón, me ha venido a la cabeza una cuestión, ya algo trillada, la de los temas de los que se ocupan las películas; concretamente, las películas… españolas. Se ha dicho mucho, y yo lo he repetido (o viceversa), que España tiene una Historia como para rodar superproducciones espectaculares todos los años. Concretamente, a mí me fascinan dos épocas: la de los Austrias mayores –Carlos I y Felipe II– y la Guerra de la Independencia. Tocaré hoy ésta, y dejaré para otro día la primera.

Soy devoto de los Episodios Nacionales, de Galdós (ver perfil), muy en especial de su primera serie, donde aparece un héroe ideal, Gabriel de Araceli, a quien le ocurren todo tipo de aventuras. Cuando, siendo un imberbe, leía sus peripecias, no dejaba de imaginar lo que sería una película que recogiese esas hazañas y esa época. Hay varias películas «napoleónicas» de calidad, desde el «Napoleón» de Abel Gance, hasta la «Guerra y paz» de Sergei Bondarchuk (es mejor que la americana, a pesar de Audrey Hepburn), pasando por la estupenda «Los duelistas», del mejor Ridley Scott. Pero sobre Napoleón en España, tengo mejores recuerdos de la «Agustina de Aragón» de Juan de Orduña –con todos sus defectos– que de la reciente «Los fantasmas de Goya», de un decepcionante Milos Forman, que aprovecho para criticar aquí azuzado por Don Ángel: película deslavazada, con doblaje espantoso, acción cutre y actores desnortados, en la que la única salvable, Natalie Portman, aparece deforme e ida durante la mitad de la película. Por supuesto, el reflejo de la Historia es pura coincidencia.

Para esto, que sigan haciendo películas sobre la Guerra Civil, en la que no cabe más sorpresa que la de averiguar cómo de malo será el fascista de turno (o viceversa).

jueves, 22 de noviembre de 2007

Nombres


Todo el mundo sabe que el verdadero nombre de John Wayne era Marion, o por decirlo todo, Marion Michael Morrison. No le iba a un tipo duro del cine como él lo de Marion. Marilyn Monroe también se cambió el nombre, que era nada menos que Norma Jean Mortensen. Tampoco le hubiera sentado bien a William Holden aparecer en los créditos como William Franklin Beedle, que hubiera sonado como una onomatopeya ridícula. Y Anthony Quinn americanizó su Antonio Rodolfo Oaxaca Quinn. Más lejos llegó Margarita Carmen Cansino, que se rebautizó Rita Hayworth. Curiosamente, Marlon Brando se llamaba de verdad así, como su padre, que por suerte para él le legó un nombre muy cinematográfico, aparte de otras cosas, supongo.

Viene esto a propósito de la insana moda de algunos actores de hoy de mantener su nombre original, para perplejidad de los cinéfagos como yo. Por ejemplo, el siempre alelado Jake Gyllenhaal –y su nada candorosa hermana Maggie–, el sueco ya afincado en Hollywood Stellan Skarsgard –el de la horrorosa “Los fantasmas de Goya” y otras más apreciables–, el prestigiado Liev Schreiber, o la cargante Renée Zellweger. ¿A dónde van con esos nombres? Desde luego, no esperarán que escriba mucho de ellos, como de ningún otro que tenga que buscar en google para no dejarme letras en el tintero.

A propósito de letras. Otros a un nombre sencillo y vulgaris le añaden alguna. Jamie Foxx. Ya podía haber llegado a la triple equis, si lo que quería era alejarse del auténtico, Eric Bishop, de resonancias eclesiásticas. Claro que esto no es nuevo, ya lo hizo el bueno de Minelli, don Vincente. Por cierto, que su suicida esposa, Judy Garland, se llamaba en realidad Frances Gumm.

Con lo práctico que es llamarse Robert de Niro o Al Pacino, fácil de decir y de recordar. Esos chicos seguro que llegan lejos, ya lo veréis.

Pero que nadie me toque a Forest Whitaker, que ese es de los Whitaker de toda la vida.

martes, 20 de noviembre de 2007

Un final made in Hollywood



Ponen una peli de Woody Allen en la tele, una de las últimas, que no he visto. Parece que es de las graciosas, un aliciente más, porque hoy no tengo ganas de deprimirme. Preparo la circunstancia cinematográfica como mandan los cánones más tradicionales: carne de membrillo, un puñado de nueces y el brasero. Listo.

La cosa tiene su gracia. Un director oscarizado en declive (absoluto) tiene la oportunidad de dirigir una producción costosa. Si el mismo Woody no fuera un autor prestigioso no nos lo creeríamos, de patético que resulta el personaje. Para colmo, el día de inicio del rodaje pierde la visión, ceguera psicosomática (como le espeta su hijo punky, "a ti no te puede pasar algo que sea de verdad"). El nudo de la historia y su gracia reside pues en la imposible dirección de la película por un invidente.

El nudo de mi entrada y su desgracia es la no menos imposible misión de escribir sobre esto habiéndome quedado dormido a la mitad. ¿O he podido hacerlo?

viernes, 16 de noviembre de 2007

Héroes


(Por petición popular)
¿Qué puedo decir de Héroes? Si confesase que tengo una habilidad secreta, de alcance inimaginable, que me obligará a viajar por los USA para salvar a la animadora, salvar al mundo, con una espada toledana en la espalda -y por qué no- unos cuantos surikens prestos en mi cinturón, la cosa tendría algún interés, al menos para el psiquiatra. Pero me temo que esta revelación tendrá que esperar.
De momento, me conformo con ser espectador pirata de la primera temporada e imaginar que puedo teletransportarme -esto es, meterme en el televisor- para decirle a Hiro que apriete más los dientes, que últimamente no para ni un Casio; a Peter Petrelli que no se fie de su hermano ni de las mujeres de edad incierta; a Niki que su hijo está creciendo demasiado rápido (?), a capítulos vista; a Bigotitos que no se hunda, que su ama acabará por reconocerlo; y a la camarera del aprendizaje instantáneo, que se pase por aquí a ver si su poder es contagioso.

jueves, 15 de noviembre de 2007

El hombre tranquilo


Una vez oí decir a cierto prestigioso y guarrete director español que John Ford -que según Welles era, él solo, los tres mejores directores de la Historia- no le gustaba, porque era demasiado irlandés, y supongo que, como consecuencia, demasiado católico, americano y facha.
Si uno ve "El hombre tranquilo", y sobre todo si ya tiene cierta amistad con ella, se tendrá que reír del prestigio de ciertos directores españoles marranazos. Alegría de vivir, humor y mucha cerveza negra, hacen de esta película una obra intemporal, refrescante y emotiva. Para algunos, el cine debe consistir en pasar un mal rato o inculcar memoria histórica (si no es lo mismo); pero para los cineastas de verdad, el cine es vida y provoca las ganas de vivirla. Claro que aquí hay un debate muy viejo en el que no quiero entrar ahora.
Me quedo con el caballo de Barry Fitzgerald, parándose delante de la taberna sin que lo ordene su amo, por pura costumbre, ya que el gaznate seco del hombrecillo es el motor de su intrahistoria. Homérico.
P. D.- Esta vez la foto no tiene escotes, pero emana una fuerza...

martes, 13 de noviembre de 2007

Stardust


O polvo de estrellas -el protagonista acaba liado con una-, película fantástica, romántica como un cuentecito y divertida, con un Robert de Niro desinhibido hasta decir ¡pero hombre!, o lo que sea... Seguramente algunos tomarán como ofensa que haya visto esta película, sobre todo si confieso que la noche de antes me quedé dormido viendo "Manhattan" por primera vez. Lo siento, pero no es que no me gustara, simplemente tenía sueño.

Con esto quiero decir que voy a aprovechar mi blog redivivo para relatar mis últimas experiencias cinematográficas, aunque -y he aquí mi tercera confesión- ahora estoy enganchado a "Héroes", una peli de veintitantos capítulos, con protas guapas, protas graciosos y protas muy malos malotes. Se ha criticado por algunos que ven en ella un plagio de los mutantes de Marvel; pero desde mi punto de vista, hay sobre todo una inspiración -sana- en "El protegido", esa peli que es mucho más de lo que parece y que nos emociona a tantos. Vale.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Zelig






El síndrome de Zelig


en un simposio académico produjo


una distorsión en la fuerza.

jueves, 8 de marzo de 2007

Un puente a la realidad


Ayer salí emocionado del cine, como no recordaba que me hubiera ocurrido antes. Vi una película -"Un puente a Terabithia"- que no ha tenido mucho bombo, que se presenta como seguidora de la estela de las Crónicas de Narnia, de carácter infantil, etc. Nada de esto se acerca a su verdadera naturaleza. Se trata, sí, de una historia que protagonizan sobre todo niños, y en la que tiene una gran importancia la imaginación. Pero diría que los efectos especiales son aquí secundarios, hasta el punto de que me atrevo a afirmar que es una de las películas más realistas que he visto en mucho tiempo. "Un puente a Terabithia" presenta la realidad de una de las formas más contundentes y sencillas que he tenido la oportunidad de contemplar en una sala de cine. Sin subrayados, sin alharacas, como es la misma vida. Y por ello constituye una aportación de incalculable valor en una época de tantos disfraces y superficialidades. Esto, que para mí es especial, no quita que se trate de una película preciosa -no soy muy dado a utilizar este adjetivo, como no sea con mi novia-, buena y bonita, en el sentido más profundo de estos términos, con momentos divertidos y momentos tristes, y en la que destacan sus dos protagonistas principales, enormes hallazgos, de los que uno queda prendado desde el principio. Ya digo, la recomiendo con toda mi alma, desde mi punto de vista es una experiencia de las que dejan huella.